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lunes, 12 de octubre de 2015

Tertulia: las 95 tesis de Lutero


Nuevo capítulo de esa extraña tertulia literaria conmigo mismo, hoy con más razón que nunca, dado lo exótico de la propuesta. Aunque subyacen más factores en un proceso que se extendió durante décadas, las tesis que Lutero clavó en la puerta de una iglesia de Wittenberg el 31 de octubre de 1517, se consideran el inicio oficial de la Reforma Protestante, del cisma de la Iglesia de Occidente.
Debió ser algún día en el que leyendo yo sobre otro tema, apareció alguna referencia a las tesis y me di cuenta de que, aun siendo un documento histórico de primer orden, nunca me había detenido a leerlo, y ya iba siendo hora, más siendo algo que se lee en un rato.

Lo cierto es que pensé que el texto iría algo más allá de lo que siempre había escuchado o me habían contado en clase pero, en términos generales, se reduce a lo que sabía: una crítica valiente contra el mercadeo de la Iglesia con bulas o indulgencias, algo que viene a ser pagar para el perdón de los pecados, algo importante en una sociedad donde la religión ocupaba un papel capital, donde el temor a la condenación ultraterrena constituía una amenaza real para la mayoría de las personas.

Lutero parte de la naturaleza de la penitencia para expiar los pecados, que exige contricción y mortificación de la carne, negándole al Papa tal facultad a través de la compra de indulgencias, acusando directamente a la Iglesia de engañar a la gente, que acaba creyendo que pagar es el mejor método para conseguir la salvación eterna, más que las propias obras de caridad o misericordia propuestas por la doctrina cristiana.

"La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello" (40)

"Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios". (45)

Se ha de fijar el contexto: la historia de la Iglesia ha sido en muchos aspectos la de las luchas de poder inherentes a cualquier organización o la de la pura rapiña, pero en esta época la práctica debía ser especialmente acusada, ya que se acababan de iniciar los trabajos de construcción de la basílica de San Pedro, lo que motiva el escándalo de Lutero, lo mismo que el hecho de que en los templos se dedique más tiempo a tratar sobre las indulgencias que sobre el propio Evangelio. 

Además, una reivindicación muy actual: la transparencia. 

"Los tesoros de la Iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios". (56)
"Por ello, los tesoros del Evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes." (65)
"Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres" (66)

Se da a entender que las críticas contra estas prácticas, contra esta especie de tributo de imposición fiscal, digamos de naturaleza sobrehumana, debían ser comunes, actuando Lutero, en su calidad de teólogo y erudito, como catalizador del sentir general, al expresar de forma ordenada, fundada y contundente la indignación ante la situación.

"¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?" (86)

La ruptura o tentativas de ruptura se manifestaron en una Europa especialmente convulsa, de diversas formas y con especiales características según los pueblos, como la calvinista o la anglicana. Lutero fue la chispa que antes o después había de llegar, que también dio origen a movimientos internos dentro de la Iglesia que denunciaron la relajación de costumbres, predicando la vuelta a la austeridad, muchos de ellos igualmente condenados por una Iglesia todopoderosa en una sociedad donde bien sabemos todos que la vida valía bien poco.

Para la próxima tertulia, 22 de diciembre: "Sobre la historia natural de la destrucción", una reflexión sobre los bombardeos aliados en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, más bien sobre el silencio acerca de un fenómeno no lo suficientemente claro para la mayoría, a cargo de W. G. Sebald, autor de "Austerlitz", una de los libros más brillantes que he leído últimamente, ahora que ya leo pocas novelas.

domingo, 14 de junio de 2015

De Calvino a Isis


No hay mal que por bien no venga. Mi lesión de rodilla en Batuecas, me obligó a reconsiderar decisiones: la de encarar un apresurado mes de entrenamiento en bici para poder a volver a completar el ironman Northwest Triman con ciertas garantías y otra menos obvia:  la de descartar exámenes hasta septiembre, asumido desde marzo que es ciertamente muy complicado centrarse en este tipo de tareas con una pequeño terremoto en casa. El hecho de no poder hacer deporte, consiguió que, en varios fines de semana, rematara mi próximo libro sobre mi relación con el deporte y que, en una súbita e inesperada decisión, decidiera lanzarme a por una asignatura en junio. Bien, transcurridos esta exigentes semanas, volvemos a darle marcha al blog. 

Vuelvo con un fragmento de "Castellio contra Calvino", magnífico libro de Stefan Zweig, un alegato a favor de la libertad de pensamiento, en el que el autor reivindica la figura del humanista Castellio en su enfrentamiento contra Calvino tras la ejecución de Servet. Volveré a él en unos días. Hoy, una referencia de tipo anecdótico, cogida al vuelo tras leer recientemente varios artículos sobre el horror cotididano que impera en el Califato propuesto por ISIS. Un hilo que recorre la historia de la humanidad, que en mucho recuerda la Ginebra del Siglo XVI, cuyo retrato, no conocía con detalle hasta leer este libro.

"A primera vista, tal vez parezca ridículo en qué futilidades se inmiscuye la discipline de Calvino, pero no menospreciemos el refinamiento de este método. Con intención, Calvino teje una red de prohibiciones tan densa, tan tupida que resulta imposible escapar a ella o permanecer libre. Intencionadamente, amontona las prohibiciones precisamente en lo que se refiere a menudencias y mezquindades, con lo que cualquier inidividuo se siente en todo momento culpable y se produce un estado de miedo permanente frente a la autoridad ominipontente y omnisciente, pues cuantos más cepos se pongan a un lado y a otro en el camino diairo de una persona, más didficultades encontrará para caminar erguida y libremente. Pronto, sentirse seguro en Ginebra resulta imposible, pues el Consitorio declara que es pecado hasta el más despreocupado aliento. Basta hojear las actas del Consejo para apreciar lo refinado del método de intimidación. A un ciudadano que se ha reído durante un bautizo: tres días de cárcel. Otro que, agotado por el sopor veraniego, se ha dormido durante el sermón: a la cárcel. Unos trabajadores han tomado empanada en el desayuno: tres días a pan y agua. Dos ciudadanos han jugado a los bolos: a la cárcel. Otros dos, a los dados, tomando un cuarto de vino: a la cárcel. Un hombre se ha negado a bautizar a su hijo con el nombre de Abraham: a la cárcel. Un violinista ciego ha bailado mientra tocaba: es expulsado de la ciudad. Otro ha alabado la traducción de la Biblia hecha por Castellio: también es expulsado. A un muchacha la pillan patinando; una mujer se ha arrojado sobre la tumba de su marido; durante el servicio de Dios, un ciudadano ha ofrecido a un vecino una pizca de tabaco. A todos ellos: citación ante el Consistorio, exhortación y multa. Y así sucesivamente, sin pausa. El día de Reyes, unos bromistas han metido una habichuela en el roscón: veinticuatro horas a pan y agua. Un ciudadano ha dicho "señor" Calvino en lugar de "maestro" Calvino; un par de labradores, al salir de la iglesia y siguiendo una antigua costumbre, han hablado de negocios. ¡A la cárcel con ellos! Un hombre ha jugado a las cartas: es expuesto en la picota, con las cartas en torno al cuello. Otro, insolente, ha cantado en la calle: es obligado " a cantar fuera", es decir, es expulsado de la ciudad. Dos galeotes se han peleado, sin matar a nadie: son ejecutados. Tres chicos menores de edad, que han hecho indecencias entre ellos, son condenados primero a morir en la hoguera, pero después se les concede la gracia de permanecer públicamente ante la hoguera encendida. Y naturalmente, lo que se castiga del modo más atroz es cualquier movimiento de agitación contra la infalibilidad estatal y espiritual de Calvino. Un hombre que se expresa públicamente en contra de la doctrina de la predestinación de Calvino, es azotado hasta hacerle sangrar en cada cruce de camino de la ciudad y, después, desterrado. A un impresor que, borracho, ha insultado a Calvino, antes de expulsarle de la ciudad, le atraviesan la lengua con un hierro al rojo. Jacques Gruet, solo por haber llamado hipócrita a Calvino en persona, es torturado y ejecutado. Cada falta, hasta la más nimia, consta en las actas del Consistorio, de modo que la vida privada de cualquier ciudadano está constantemente en evidencia. La policia dirigida por Calvino encargada de vigilar las costumbres no conoce, como él mismo, un solo olvido o despiste."

martes, 10 de abril de 2012

Santiago y cierra España



"Piedad" de Botticelli a la altura del "Descendimiento" de Van der Weyden que siempre viste este blog.

El seguimiento masivo y desmesurado de la Semana Santa, todas esas manifiestaciones de fervor religioso desmedido e irracional -evidentemente no podría ser de otra forma tratándose de asuntos de fe-, provocaron unas reflexiones que antes de que se esfumen como tantos otros borradores mentales, publico. 

Dejando de lado el largo y exhaustivo minutaje que se le dedica en informativos a estos y otros temas de carácter estacional -que da para otro post-, me hace preguntar sobre el estado de las inquietudes religiosas en una sociedad como la española. A primera vista, la de un foráneo de visita por el país, parecería que la salud de las creencias en España, sería de la solidez del hormigón. Sin embargo, todos sabemos que el decorado es simple cartón piedra, los personajes de la escena se disfrazan por un par de días de devotos cofrades o emocionados asistentes a procesiones.

Los habituales ya sabéis que, por principio, no tengo nada en contra de estas manifestaciones. Soy un gran enamorado del arte religioso, del ambiente, de los olores, de la puesta en escena de todo el tinglado, perfecto para impresionar y conseguir el efecto buscado. Una experiencia estética de primer nivel. Por otra parte, ya con carácter más anecdótico, abogo por mantener las películas de romanas en Viernes Santo aunque esto creo que procede de ese componente romántico que arrastra la nostalgia de la infancia. 

Respeto profundamente a las personas creyentes. Sin embargo, no puedo negar que me moleta esa superficialidad que tiñe el ambiente, utilizar lo que deberían ser convicciones profundas a modo de supercherías y supersticiones absurdas, encarnadas en comportamientos y declaraciones pintorescas que se me antojan como de hace dos siglos. Creo que todo esa celebración, a veces de tintes ciertamente carnavalescos,  poco tiene que ver con el hecho religioso que transforma y sirve de guía para la forma de vida de una persona. Supongo que es la misma reacción que me provocan los fastos de las comuniones o bodas o la celebración masiva de cierta Navidad. Tal vez sólo sea que los años me convierten lenta e inexorablemente en un viejo gruñón.

No entiendo el papel que juega la Iglesia en el fomento y cuidado de cierto tipo de prácticas que se quedan en eso, en simples usos sin mayor alcance. Recibí una formación católica y no reniego de ello, ya lo he mencionado en alguna ocasión. Aunque creo que la única educación pública posible es una educación completamente laica, creo que es responsable de parte de lo mejor que atesoro en mi interior. Y por ello, por cómo interioricé un mensaje que en esencia y sin adornos o accesorios impostados, me parece profundamente subversivo, me sorprenden las directrices de los responsables de esa gigantesca organización de poder. Entiendo que aquellos valores que yo aprendí, en poco o nada sintonizan con la imagen difundida por una rancia organización jerárquica con olor a naftalina. Me ocurre algo parecido con los sindicatos, tengo la impresión de que todos esos entes viven encerrados en su propia mundo de hace mil años completamente desconectados de la realidad. Ambos deberían imaginar nuevas formas de penetrar en la sociedad. Difícil de llevar a la práctica teniendo en cuenta antecedentes en los que, desde un inmovilismo pétreo,  se torpedean tentativas de vías revolucionarias o tímidamente aperturistas abanderadas por asociaciones seglares, teólogos díscolos o esos entrañables curas "comunistas" que trabajan a pie de obra; por no hablar del exterminio de movimientos como el de la Teología de la Liberación. 

Desde el punto de vista de un observador con curiosidad por el mundo que le rodea, creo que deberían encargar una especie de estudios de mercado o estadísticas para ser conscientes de su influencia real  en la sociedad, de la progresiva impermeabillización de ese feligrés registrado y con número Aunque tal vez simplemente se haya escogido el camino de asumir esa superficialidad  rampante como la gran seña de identidad de nuestro tiempo que es y no se necesite mucho más que llenar las calles de las ciudades de Castilla y Andalucía un par de días al año.

Nunca más sentido que hoy tiene la afirmación de Unamuno: "Hay que descatolizar España para cristianizarla".

Música. El brutal "crescendo" de Nick Cave en "Oh My Lord". Como sus maestros, nunca renegó del tema.

Vale.


"Oh My Lord"

I thought i'd take a walk today
it's a mistake i sometimes make
my children lay asleep in bed
my wife lay wide-awake
i kissed her softly on the brow
i tried not to make a sound
but with stony eyes she looked at me
and gently squeezed my hand
call it a pr閙onition, call it a crazy vision
call it intuition, something learned from mother
but when she looked up at me, i could clearly see
the sword of damocles hanging directly above her
oh lord oh my lord
oh lord
how have i offended thee?
wrap your tender arms around me
oh lord oh lord
oh my lord
They called at me through the fence
they were not making any sense
they claimed that i had lost the plot
kept saying that i was not
the man i used to be
they held their babes aloft
threw marsh mellows at the security
and said that i'd grown soft
Call it intuition, call it a creeping suspicion,
but their words of derision meant they hardly knew me
for even i could see in the way they looked at me
the spear of destiny sticking right through me
oh lord oh my lord
oh lord
how have i offended thee?
wrap your tender arms round me
oh lord oh lord
oh my lord
Now l'm at the hairdressers
people watch me as they move past
a guy wearing plastic antlers
presses his bum against the glass
now l'm down on my hands and knees
and it's so fucking hot!
someone cries, "what are you looking for?"
i scream, "the plot, the plot!"
i grab my telephone, i call my wife at home
she screams, "leave us alone!" i say, "hey, it's only me"
the hairdresser with his scissors, he holds up the mirror
i look back and shiver; i can't even believe what i can see
be mindful of the prayers you send
pray hard but pray with care
for the tears that you are crying now
are just your answered prayers
the ladders of life that we scale merrily
move mysteriously around
so that when you think you're climbing up, man
in fact you're climbing down
into the hollows of glamour, where with spikes and hammer
with telescopic camera, they chose to turn the screw
oh i hate them, ma! oh i hate them, pa!
oh i hate them all for what they went and done to you
oh lord oh my lord
oh lord
how have i offended thee?
wrap your tender arms round me
oh lord oh lord
oh my lord

viernes, 19 de agosto de 2011

En ebullición

Manos a la obra que hace mucho que no me meto en charcos y está el país a huevo. No sé si es algo que sólo me ocurre a mí pero tengo la percepción de que pocas veces había sentido tanta crispación en el país. Las discusiones y polémica por la visita del Papa, de nuevo los enfrentamientos Madrid-Barça, las Elecciones a la vuelta de la esquina, la maldita crisis que lejos de remitir, parece que aprieta, son como pequeñas chinas en el zapato, como llamas que tienden a calentar la olla más a presión que nunca. Si a todo ello sumamos el calor y los habituales horribles sucesos veraniegos, en ocasiones parece que España está a punto de estallar.

No sé si la situación es real o simplemente es un estado provocado por el reiterativo atizado que llevan a cabo los medios de uno y otro signo, cada día más sectarios, tontos y para tontos, persiguiendo transmitir el sentimiento correcto o el tono moral justo para tratar de descolocar al oyente escéptico.

Nos pasamos el día hablando de tolerancia y exigiéndola por doquier a nuestros semejantes pero es evidente que se encuentra en busca y captura. No tengo problema con la venida del Papa. He dicho. En ciertos ambientes se necesita arrojo para hacer esta afirmación. Hace tiempo que no me rasgo las vestiduras por nada que no me afecte directamente y no acabo de entender esa indignación general.

Por supuesto que no me considero modelo de nada pero básicamente creo que soy buena persona y sé que gran parte de mí procede de mi formación cristiana. No me sonrojo ni me duelen prendas en reconocerlo. Francamente considero que a muchos de los chavales que estamos amamantando no les vendría mal alguna de las recetas que a mí me endosaron y por las que no llego a sentirme traumatizado, por mucho que algunos “progres” de manual se empeñen. Supongo que también influye que adoro el arte y la música religiosa –no me metas ahí sólo el barroco, mete mucho soul y gospel que a veces se nos olvida-. Y sí, ya sabéis que uno de mis lugares preferidos es el interior de las iglesias.

Tal vez soy de la opinión de Marco Aurelio que consideraba la religión como elemento importante para la salud de una sociedad aunque íntimamente no creyera en los dioses. No llegaría a tanto pero pienso que aún estamos en un estadio intermedio. Nos falta un paso para encontrar el modo de conseguir transmitir esos ajados valores –qué pesadez, ¿cuántas veces al día escuchamos la palabrita?- a las nuevas generaciones desde los instrumentos de un estado laico totalmente desconectado de la esfera religiosa, para mí el único válido y posible. Ya sé que no es políticamente correcto pero yo sigo apostando por la disciplina, el respeto a la autoridad, el trabajo o el estudio, tan demodé hoy en día. Supongo que a la luz de cómo se entiende la educación actual, debo parecer un troglodita pero es lo que hay. Demasiado viejo para cambiar.

Por otro lado, la venida del Papa y su figura misma me parece un poco ridícula. Que un señor se encarne en representante de Dios en la Tierra y esté dotado de infalibilidad –con las que han preparado a lo largo de la Historia, ¡Por Dios!- es como de chiste -algo similar me ocurre con las monarquías-. Miles de personas agolpadas en las calles para recibir al Papa en plan estrella del pop me parece de vergüenza ajena pero ahí no entro. Por no hablar de que en general todo se antoja un poco “moñas” –esas guitarras…-, pacato o hasta kitsch –esa imagen de la chica vestida de faralaes recibiendo al Papa no tiene precio-. Pero bueno, allá cada cual con su vida. Totalmente respetable. Supongo que si conociera la obra de Ratzinger, lo admiraría como teólogo o filósofo.

En general, la Iglesia como institución, su papel histórico es simplemente terrible, por decirlo de forma suave. Como cualquier organización de tanto poder, arrastra corrupción, vicio, crimen y dolor hasta cotas insoportables a lo largo de los siglos.

En la actualidad no llego a comprender ese pertinaz retraso en condenar y apartar a pedófilos o en negar derechos a los homosexuales. Por no hablar del tema del uso del preservativo que me parece directamente de consecuencias criminales y hasta si me apuras, relevante penalmente en ciertos ámbitos geográficos.

Ese empeño en alejarse de la sociedad, reflejado en la pompa o el boato de los jerarcas me parece fuera de lugar. Por millones de personas que haya hoy en Madrid procedentes de todo el mundo, es evidente que las Iglesias están vacías y que la conexión con la sociedad actual española es nula. No tengo ningún interés en el tema pero como se sigan empeñando en negar la evidencia y no enmendar ciertas políticas como el celibato o el sacerdocio femenino, dentro de cien años cerrarán el negocio por falta de clientes. Por otra parte, la crisis y sus consecuencias no son mal caldo de cultivo para paliar esta dinámica. En situaciones desesperadas, la gente busca esperanza. Unos en las iglesias, otros dándole una hostia a un escaparate en las calles de Brighton para robar unas zapatillas o una consola.

Y aquí doy otro bandazo en mis argumentos y os cuento que a pesar de todo, gran parte del mensaje cristiano me parece positivo y trato de no olvidar separar a la jerarquía de la importante labor social que la iglesia más pedestre, ha llevado y lleva a cabo en muchas zonas del mundo. Ahí hay mucha gente convencida, fieles de base a los que respeto y que viven su religión de forma sincera y admirable por sus obras.

¿Guerras de religión a estas alturas? No en Pakistán sino en el centro de Madrid. Suenan los tambores marciales al son de los que se mueven los católicos y los “Indignados” aunque me temo que, tanto en uno como en otro bando, los que más ruido hacen, no representan a nadie.

Ahora ya no hay circo ni se arroja a los cristianos a los leones, los gladiadores modernos corren tras un balón arropados o asfixiados por las voces de cientos de miles de personas. Ahora no se hunden espadas en la carne de nadie, basta un dedo en un ojo. Una buena foto para retratar el estado actual de las cosas. Un impresentable metiéndote el dedo en el ojo. Mou está haciendo más por la desmembración de España que ETA. Este tipo es un fenómeno. A éste sí que le hacen falta valores o pedir perdón en esos confesionarios express que han montado en las calles de Madrid. Mou, vas a ir directito al infierno. Por malo.

Os dejo una canción de los New York Dolls, grupo punk antes del punk, "Crisis de personalidad", una verdadera ráfaga. A propósito, ¿no hay católicos punkies, heavies y demás? Seguro que Patti Griffin les gustaba a los de la JMJ pero a mí también me conquistó la música del diablo. Tal vez vendí mi alma como Robert Johnson.