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jueves, 2 de agosto de 2012

Puño invisible: Andrés y Antonio



Hoy para recordar, no para descubrir. Se volvieron a presentar una tarde, en pareja, cogidas de la mano y pensé por qué no. Además, encajan bien en  esa recopilación que exige intensidad como nexo común.

Ambas nadan en melancolía, esa palabra de dulce sonar, emparentada con un estado de tristeza contenida, suave, hasta reconfortante en ocasiones.

Ambas hablan de lugares, personas, tiempos. Pasado al fin y al cabo, instantes ya gastados y tratados de revivir en anhelos o súplicas. Empeño fútil. 

Antonio atesora ese lugar que solo le pertenece a él, la evocación de  lo bueno y lo malo, ese pequeño truco que no le bastó para escapar de la realidad. De significado críptico, ¿lo puro, lo básico, lo esencial?

La de Andrés es un canción de desamor al uso. Ese dolor y ese algo que queda encharcado, podrido y que  tarda tanto en secar al sol. Cuando pasa, todo se ve de otra forma y resulta hasta divertido recordar esas cuitas. Todos transitamos esos caminos. Si no fuera así, no seríamos completos y nunca podríamos entender uno de los sentimientos más viscerales, naturales y absurdos.  

Dos grandes opuestos en sus formas. Antonio servía su esencia en frascos pequeños. Andrés perdió el sentido; un gran autor que, disfrazado de salmón o marginal, quiso vendernos como arte, temas simplemente impublicables. 

De una u otra forma, los dos marcharon para siempre. Atrapados por el pasado, no lograron desembarazarse de sus redes.

No es menester enredar. Dos canciones tremendamente bellas.


jueves, 8 de marzo de 2012

Las estrellas de Smara

Sin tiempo, sirva un entrante.

¿Sabéis que en el desierto las estrellas brillan aún más cerca que en las montañas? En las noches de Smara parecía fácil alcanzarlas de un salto. Si  serenas tu espíritu, podrás sentir su aliento protector, el que ampara un perdido campo de refugiados en lo más inhóspito del Sáhara. Si por unos días detienes tu vida, podrás escuchar el murmullo de las estrellas, el apagado espejo del sonido que llena Smara durante el día, el de las voces de cientos de niños riendo, gritando, jugando. Nunca vi gente tan feliz y como escribía Machado, en el buen sentido de la palabra, buena. Ernesto Sábato decía que nada puede el mundo contra el que canta en la miseria. Ahí radica su fuerza.

Si corres en el desierto, entonces sabes qué es el desierto. Mires donde mires no hay límites ni final. Sólo un horizonte implacable. La odisea del orgulloso pueblo saharui empezó hace más de treinta años y tampoco se nos alcanza el final. Es como una jaula sin barrotes, como correr por el desierto.  Sin embargo su esperanza es sólida como una roca y hablan del día que caminarán por las calles de un El Aaiún libre.

No diré que llevaré a la familia de Marian en mi corazón porque me parece cursi pero soy tramposo y tiro de "El collar de la paloma", aquel tratado sobre el amor que compuso Ibn Hazm, también musulmán, pero de la Córdoba del Siglo XI que gustaba hablar de cómo el amor verdadero se alojaba en las entretelas del corazón. Siempre sentiré entre las mías el ejemplo y el cariño a unas personas excepcionales que me enseñaron más en unos días que miles de páginas de libros a lo largo de una vida.

Ellos quieren que el mundo no olvide su causa. Yo mantendré vivo el recuerdo y ojalá un día pueda volver. Además, como símbolo por una vez pleno de significado, cada vez que cruce una meta "grande", portaré su bandera para dar testimonio de su resistencia, como muestra de respeto y apoyo a su lucha.

Vale.

martes, 12 de mayo de 2009

Hasta siempre, Antonio


Me acabo de enterar que Antonio Vega ha muerto. Era algo esperado. En sus aparaciones públicas cada vez se le veía más deteriorado. Hace unos años leí una entrevista con su novia, sincera hasta el dolor, en la que reconocía que Antonio nunca fue capaz de superar sus adicciones.


Un personaje dotado de una sensibilidad especial, quizá siempre algo fuera de lugar. Es inevitable la sensación de que artísticamente pudo llegar mucho más lejos. En fin. Es lo que hay.


Preparados para la avalancha de reediciones y homenajes lucrativos.


Antonio era esta maravillosa canción. Tanto y tan poco a la vez. Descanse en paz.