domingo, 12 de julio de 2015

Eichmann o la banalidad del mal




Los dos libros a que hacía referencia en el anterior artículo eran “Eichmann en Jerusalén” de Hannah Arendt” y “HHhH” de Laurent Binet.  Aun siendo de naturaleza bien distinta, ya que el primero se trata de un ensayo y el segundo de una  novela histórica algo especial, en muchos tramos transitan temática común.

Ambos interesantes, les dedicaré un comentario a cada uno. El hecho de haberlos leído al mismo tiempo, el de Binet, por ser más ligero y ameno, por las noches, cuando ya no tengo la mente para muchos esfuerzos, hace que se mezclen en mi memoria y puede que algo que creo haber leído en un libro, sea, en realidad, del otro.

 

Comenzamos. “Eichmann en Jerusalén” es el informe del proceso que se celebró en Israel en 1961 para juzgar los crímenes del dirigente nazi Adolf Eichmann tras de haber sido secuestrado en Argentina  por los servicios secretos israelíes. Evidentemente la sentencia estaba dictada de antemano: Eichmann fue ahorcado al anochecer del 31 de mayo de 1962. 

Aunque con su grado, lo que vendría a ser un teniente coronel de las SS, no formó propiamente  parte de la cúpula nazi, su papel en el exterminio judío fue tan determinante, que se convirtió en uno de los hombres más buscados del mundo tras la Segunda Guerra Mundial (junto a Bormann, probablemente),  uno de los más nombrados por acusados y víctimas durante los procesos de Nuremberg, adquiriendo su figura proporciones que, a la vista de lo leído, tal vez no mereciera.

La filósofa  Hannah Arendt, a pesar de ser judía y alemana exiliada antes de la guerra, trata de analizar el proceso fría y objetivamente, buscando todas las sombras y puntos débiles de un procedimiento que, tratando de impartir justicia, fue muy cuestionable desde el punto de vista estrictamente jurídico, ya de origen  por la propia competencia o legitimidad del tribunal debido a la vulneración de la soberanía argentina –país que por entonces no estilaba lo de extraditar a ninguno de su refugiados nazis-, o desde el modo de actuación de la propia acusación, centrándose en el relato de episodios de barbarie, olvidando que, técnicamente, lo que se ventilaba era establecer el nexo que vinculaba a nuestro personaje con esas muertes;  y hasta desde el punto de vista moral, sugiriendo la autora ampliar el campo de responsabilidades del holocausto judío. Por ello es tan comprensible la polémica que suscitó la publicación del libro.

También se hace referencia a otro tema delicado, otra herida sangrante en el momento de publicación, los años sesenta,  el de una Alemania increíblemente templada en los juicios a criminales nazis donde se imponen condenas ridículas; además de la escandalosa tolerancia al hecho de que en la política o en la misma judicatura alemana de la época,  se integraran responsables directos en el  aparato nazi o que se hallaron implicados en el mantenimiento y aplicación del ordenamiento nacional socialista. Era tristemente evidente que, tras la guerra, Alemania había decidido no meneallo, pasar página y tratar de olvidar. Tuvo que tomar las riendas la generación que sucedió a la culpable,  a la que, extrañamente, llegó a alcanzar cierto grado de culpabilidad moral, para reparar esta situación, en lo que aún estamos –hace unas semanas se condenó a un contable en Auschwitz-.

Volvamos al hilo, partamos de Eichmann.  Como antes señalaba, los años de posguerra habían agigantado su figura hasta alcanzar proporciones algo legendarias, pero el personaje  no acaba de encajar en la del malvado de película, donde si lo haría Heydrich, el personaje central de “HHhH”. Por ello, uno de los efectos del libro y supongo que del proceso en sí, es la desmitificación o la cierta decepción que produce  enfrentarse a una de las causas inmediatas del mal más puro, a uno de los responsables directos del exterminio de millones de judíos, de no todos, pero puede que de la mayoría. De ahí el subtítulo: “Un informe sobre la banalidad del mal”.

Eichmann se empecinaba: “Jamás he dado muerte a un judío, ni tampoco a un no judío. Nunca di orden de matar a un judío, ni de matar a un no judío”. Es más, Eichmann aseguraba que sus tareas de organización y coordinación habían ayudado a las víctimas, facilitando el encuentro con su destino. Si es preciso hacer algo, más vale hacerlo ordenadamente, ya que él cumplía con su deber, acataba la ley.

Tras el largo interrogatorio policial y los meses de sesiones del proceso, nos queda el retrato de un hombre mediocre, un eficiente burócrata que trata de promocionar en su trabajo por el eficaz desempeño de sus labores, que explica varias veces en el interrogatorio, buscando la comprensión de su interlocutor, el porqué no pasó del grado de teniente coronel, algo imposible en su destino.

Un tipo mezquino, no un sádico, que rechaza ser testigo directo de las consecuencias de sus actos, que no disfruta del asesinato, sino que le causa repulsión. Lo que me recuerda un célebre episodio del máximo dirigente de su organización, los SS, un Himmler que en Minsk llega a desmayarse al presenciar la ejecución de un grupo de judíos para, a continuación, saliendo del paso con soltura, pronunciar unas palabras a sus tropas desde el coche,  en las que manifiesta que ha comprobado de primera mano lo difícil que es la tarea que se les ha encomendado pero que hay un bien superior que lo justifica: el Reich, la Historia o vete tú a saber.

Las labores de Eichmann consistieron sucesivamente en encargarse primero de la emigración, después de la deportación para asentamiento en campos y finalmente la deportación para el exterminio. Y Eichmann era un hombre que hacía muy bien su trabajo; destacó en la primera fase  en su oficina de Viena, cuando montó una especie de cadena burocrática cuyo resultado final era un judío con papeles para salir del país pero despojado de todos sus bienes y derechos durante los trámites previos de cada expediente.

Más tarde su cometido fue la organización del transporte de millones de personas con destino a los campos de concentración, fundamentalmente del Este. Sé que es difícil, pero parémonos a pensar en el holocausto desde un punto de vista exclusivamente técnico. Lo complicado que debería ser obtener unos registros actualizados de todos los judíos existentes en los países ocupados o títeres; primero convocarlos, reunirlos, no detenerlos, después sí, después detenerlos, conseguir medios de transporte, coordinar desde la salida a la llegada de trenes con capacidad suficiente para las cifras previstas y que en el destino se estuviera al tanto para darles acomodo o salida. Piénsese en la gran cantidad de órganos e individuos implicados para llevar a cabo una labor tan compleja  en, no lo olvidemos, un continente en guerra, donde se supone que el esfuerzo de guerra era prioritario, por lo que se entiende aún menos detraer tantos recursos.

En la captación de judíos surgen las primeras sombras, nueva causa de  polémica. La propia colaboración de los consejos judíos de cada país con los que trataba personalmente Eichmann  para que se le proporcionara información fiable sobre el número de judíos, lo que facilitó, sin ninguna duda, el resultado final. Relacionado, el hecho de que, aparte de la rebelión del gueto de Varsovia, apenas existiera revuelta judía alguna durante su largo proceso de eliminación, la sumisión explicada a través del  polémico concepto “mentalidad de gueto”. Desde hace tiempo se venía hablando del ascendiente judío de Eichmann que aquí es puesto en tela de juicio, ya que, al final, parece ser que el supuesto experto en asuntos judíos, basaba sus conocimientos en que se había leído un par de libros sobre el movimiento sionista y comprendía el yiddish, algo ,parece ser, tampoco demasiado complicado para un alemán.

Aquí también surgen otras visiones e interpretaciones del pasado incómodas, porque aparte de la del propio pueblo judío,  se requirió la colaboración de los distintos países con Alemania. Es cuando sale a la luz el antisemitismo reinante en casi toda Europa, por mucho que se quisiera obviar tras la gran tragedia colectiva. Como los hechos demostraron,  hubo países  que pusieron trabas al cumplimiento de estas órdenes, se negaron en redondo, como el maravilloso ejemplo de Dinamarca, se hicieron los suecos –que, por cierto, acogieron a los huidos de Noruega- como los italianos, colaboraron vergonzosamente como el caso francés o polaco, o se mostraron aún más entusiastas en su antisemitismo que los propios alemanes, como los cafres de los rumanos,  cuyos métodos incluso espantaron a los SS,  ya que para éstos, el trabajo se debía hacer con método.  Lo que me lleva a uno de las escenas más espeluznantes de la guerra y puede que de la Historia, la ejecución en Babi Yar, una especie de barranco, hoy cubierto, situado en las afueras de Kiev, donde se calcula que se encuentran enterradas unas cien mil víctimas, donde  los Einsatzgruppen de Heydrich llegaron a matar en dos días a casi cincuenta mil personas a tiros, cuyo resultado da idea de la eficacia de su trabajado método. En el relato de esta terrorífica escena, se cuenta como la víctima, no solo debía colocarse al borde de la fosa sino que  tenía que bajar al fondo de la misma, donde ya reposaban multitud de cadáveres y seguir las instrucciones de un operario que le indicaba cuál era el mejor lugar de ejecución, para apilar de una forma más racional los cadáveres y que cupieran más, lo que da muestra de una frialdad y falta de piedad desoladora.

Desde chaval llevo leyendo libros sobre esta etapa y durante los últimos años, a veces pensaba en si el exterminio, la solución final, fue realmente algo premeditado desde el principio o aquello se les fue de las manos, empujado por las circunstancias, tras ir subiendo cada vez un grado más en  barbarie, impulsado por la propia dinámica de los acontecimientos y las directrices de un grupo de dementes.  Y mira por dónde, es la primera vez que he sabido de una división de opiniones dentro de la historiografía,  polémica que no sé si seguirá vigente en la actualidad, entre los “intencionalistas”  y los “funcionalistas”, según creyeran si existía el fin del exterminio desde el origen o no.
Realmente, excepto en el  Este, donde desde el principio operaban los einsatzgruppen  de que antes hablaba, matando no solo judíos,  la etapa del exterminio duró alrededor de dos años, hasta el otoño de 1944 en que Himmler, creyendo en un delirante razonamiento, que le serviría de baza en las futuras negociaciones con los vencedores,  da órdenes de parar e incluso tratar de borrar las huellas del horror, lo que, curiosamente, le provoca un conflicto íntimo a la mentalidad de burócrata de  Eichmann, no porque odie a los judíos, sino porque lo considera una excepción a la norma, que se adopta indebidamente, al margen del conocimiento del Führer.

También curioso es el hecho de que en toda la labor administrativa, no se hablara abiertamente de exterminio, asesinato y conceptos similares sino que siempre se tirara de eufemismos como reasentamiento  o solución; se entiende que  para tratar de evitar alguna forma de resistencia en los miles de personas intervinientes en el proceso.

La solución final tiene dos hitos o momentos clave:

El primero es  este histórico documento  firmado el 31 de julio de 1941 por Göring que nunca había leído y que,  a primera vista, parece un ordinario y aséptico oficio administrativo:

El Mariscal del Reich de la Gran Alemania a la atención del Jefe de la Policía de Seguridad y del SD SS-Gruppenfhürer Heydrich
Berlín
En cumplimiento de la tarea que le ha sido encomendada por el edicto de 24 de enero de 1939 para resolver la cuestión judía por medio de la migración o de la evacuación de la manera más ventajosa, dadas las condiciones actuales, le encargo que efectúe todos los preparativos, prácticos y financieros, de cara a una solución global de la cuestión judía en el ámbito de influencia alemana en Europa.
En la medida en que las competencias de otras organizaciones centrales sean concernidas, éstas deber ser implicadas.  

A esta orden de Göring, le sucederá otra fecha  clave, la conferencia de subsecretarios de Wannsee, un distrito a las afueras de Berlin, donde se dará cuenta a todos los ministerios implicados en ejecutar estas órdenes. A este reunión asiste Eichmann donde, a la vista de lo allí expuesto, vuelve a insistir en Israel, no solo en el hecho de su estricto cumplimiento de la ley sino también en su papel de buen ciudadano, ya que aquí intervienen varios exponentes de una clase social más elevada  que él respetaba y que ninguna muestra estupor o reservas manifestaron a la hora de adoptar las medidas que se llevarían a la práctica. 

Ayer se conmemoraron veinte años de la matanza de Sbrenica y, analizándola, los factores que intervienen en una tragedia de este tipo vienen a ser los mismos: a la maldad propiamente dicha de unos pocos, suele acompañarle  la cobardía o simple  estupidez de muchos otros. Sobrevolando, el principio de Hanlon: “No atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”.

El siguiente artículo, más corto, sobre “HHhH”, sobre Heydrich y su asesinato.

miércoles, 1 de julio de 2015

Evasión o victoria en Kiev




Acabo de terminar un par de libros a los que dedicaré los dos próximos artículos del blog. Antes, un apunte sobre un curioso episodio que aparece en uno de ellos, el que supongo germen de "Evasión o victoria", la película de John Huston.

En el verano de 1942 los alemanes que ocupan Ucrania, organizan unos partidos de fútbol entre equipos de los países del Este invadidos. Pronto destaca el FC Start, formado por los restos del Dynamo de Kiev. Se organiza un partido entre éste y el equipo de la Luftwaffe.

Nada más comenzar, un jugador alemán fractura la pierna de un ucraniano, con lo que deberán jugar el resto del partido con diez. Sin embargo, tras adelantarse los alemanes, los de Kiev empatan y se llegan adelantar con la consiguiente euforia del público. Durante el descanso, el general Ebherdardt, superintendente de Kiev, baja al vestuario para ordenarles que pierdan bajo pena de muerte, amenaza que es escuchada en silencio por los jugadores. que, sin ponerse de acuerdo, deciden jugar en serio hasta ganar por 5 a 1.

Tres días después se organiza otro partido de revancha muy publicitado en el que se refuerza el equipo alemán con jugadores profesionales y se despliegan tropas SS alrededor. Los alemanes vuelven a adelantarse, pero acaban perdiendo 5-3. Tras la victoria, el público, exultante, invade el campo mientras los alemanes disparan algún tiro. En la confusión, tres jugadores ucranianos desparecen entre la multitud, sobreviendo finalmente a la guerra. El resto serán ejecutados, cuatro ante el siniestramente famosa fosa de Babi Yar, de la que ya os contaré algo más dentro de poco.

Lo menos cinematográfico de toda la historia es creerse al Rocky de portero.


domingo, 28 de junio de 2015

Es la libertad de pensamiento, idiota


De "Castellio contra Calvino", el libro de Zweig del que escribía hace unos días. La reivindicación un hombre jugándose la vida en su disputa contra el todopoderoso Calvino por lo que él consideraba más valioso: la libertad de pensamiento. Siglo XVI, canela en rama.

"Y como Calvino insiste una y otra vez en que se vio obligado a quemar a Servet para defender la doctrina, para proteger la palabra de Dios, como una y otra vez trata, como todos los violentos, de disculpar su acto brutal por medio de otros intereses suprapersonales, de una autoridad superior, Castellio, como un rayo iluminador en medio de la noche oscura de aquel siglo, le aborda con estas inmortales palabras: "Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe".
 (...)
De un homicidio siempre es culpable su autor, y jamás se puede justificar un asesinato por medio de una idiología. Las verdades se pueden difundir, pero no imponer. Ninguna doctrina será más cierta, ninguna verdad más verdadera, porque grite y se encolerice. Ninguna debería imponerse artificalmente recurriendo a una brutal propaganda. Pero una doctrina, una ideología, serán aún menos verdaderas si persiguen a los hombres por oponerse a su modo de pensar. Las convicciones son vivencias y episodios individuales, que no dependen de nadie más que de aquel a quien pertenecen. No se dejan reglamentar, ni que les den órdenes. Y aunque una verdad invoque a Dios una y mil veces y se declare santa, nunca puede considerar legítimo el destruir el santuario de la vida de un hombre, creada por Dios. Mientras para Calvino, el dogmático, el hombre de partido, tiene poca importancia el que un mortal sea eliminado a causa de una idea que él considera inmortal, para Castellio todo hombre que sufre y muere por sus convicciones es una víctima inocentemente asesinada. La coacción en cuestiones espirituales no sólo es para él un crimen contra el espíritu, sino un esfuerzo inútil. "¡No forcemos a nadie! Pues la coacción jamás ha hecho mejor a un hombre. Aquellos que quieren imponer una fe a los hombres, actúan de modo tan absurdo como alguien que con un palo quisiera alimentar por la fuerza a un enfermo". Por eso, de una vez por todas, hay que acabar con la reprseión de los que piensan de modo distinto. "Niega de una vez a tus funcionarios el derecho al empleo de la violencia y la persecución. Concede a todos, como reclama San Pablo, el derecho a hablar y a escribir, y pronto reconocerás lo que es capaz de hacer en la tierra la libertad, una vez redimida de la coacción".

sábado, 27 de junio de 2015

Western


"La idea de que en un universo consumado y cerrado sobre sí mismo, todavía es posible cruzar la línea que los puntos sin retorno dibujan en los secretos mapas de los sueños. El simple vadeo de un río cuya orilla sigue inexplorada o la cabalgada libre sobre una planicie ilimitada son configuraciones imaginarias en las que una remota frontera histórica se convierte en una cercana frontera mental. Eso es un western."

("Más allá del oeste". Ángel Fernández Santos).

martes, 23 de junio de 2015

"This is Opera", un camino fácil


Supongo que a las puertas del verano, si no se trata de un nuevo cambio de horario -criticable en un medio privado, escandaloso en uno público pretendidamente serio-, "This is Opera" habrá finalizado temporada. Esperemos que se trate de cierre por vacaciones, no definitivo.

"This is Opera" es la forma en la que se trasladó a La 2  el programa "Ópera en vaqueros" que se emitía en una canal catalán. La fórmula es la misma, la de un programa divulgativo en la que, valiéndose de un tono distentido y divertido, trata de que la gente se acerce a la ópera dejando atrás prejuicios y temores, que se le dé una verdadera oportunidad.

Para este difícil propósito se sirven de un antiguo tenor (aunque en algún programa se refieren a él como barítono), un extraordinario Ramón Gener. Todos los programas comienzan con su frase "Tengo una pasión" para, a continuación, presentar la ópera que se tratará. Efectivamente, se puede dar fe de que este hombre es una apasionado por la ópera y por la vida, dada la ingente cantidad de conocimientos que parece atesorar y la riqueza interior que transmite con un repertorio gestual desmedido.

Supongo que al entendido de verdad, todo el tinglado le parecerá un horror, que se rasgará las vestiduras ante tal banalización. Hasta a mí, que lo he disfrutado muchísimo y soy un aficionado de tercera, puede que  en vías de ingreso en segunda -de hecho, ahora esucho más clásica que rock-, a veces me cargaba tanta tontería, sobre todo en algunos programas en los que podían trascurrir muchos minutos sin que se hablara de la música, por ejemplo recabando opiniones de gente sobre el amor, el destino o a saber qué, que para mí carecían  interés. Claro, hay programas mejores que otros, pero esto que cuento resultó especialmente sangrante en el primer programa dedicado a Wagner, el de "Parsifal", uno que esperaba con ganas y donde al final, me quedé preguntándome qué coño había sacado en claro sobre la ópera, con tanto Grial arriba y abajo. Al menos, la decepción fue aliviada con los otros dos capítulos dedicados al alemán, "El anillo del Nibelungo" y "Tristán e Isolda". Ya que estamos con el alemán, el hecho de que se hiciera enterrar en una sepultura sin nombre, ¿es un signo de sencillez y austeridad como afirmaba Gener o no hay mayor gesto de egolatría como opino yo?

Pero no os equivoquéis, se recomienda y se espera con ganas el regreso del programa.

domingo, 14 de junio de 2015

De Calvino a Isis


No hay mal que por bien no venga. Mi lesión de rodilla en Batuecas, me obligó a reconsiderar decisiones: la de encarar un apresurado mes de entrenamiento en bici para poder a volver a completar el ironman Northwest Triman con ciertas garantías y otra menos obvia:  la de descartar exámenes hasta septiembre, asumido desde marzo que es ciertamente muy complicado centrarse en este tipo de tareas con una pequeño terremoto en casa. El hecho de no poder hacer deporte, consiguió que, en varios fines de semana, rematara mi próximo libro sobre mi relación con el deporte y que, en una súbita e inesperada decisión, decidiera lanzarme a por una asignatura en junio. Bien, transcurridos esta exigentes semanas, volvemos a darle marcha al blog. 

Vuelvo con un fragmento de "Castellio contra Calvino", magnífico libro de Stefan Zweig, un alegato a favor de la libertad de pensamiento, en el que el autor reivindica la figura del humanista Castellio en su enfrentamiento contra Calvino tras la ejecución de Servet. Volveré a él en unos días. Hoy, una referencia de tipo anecdótico, cogida al vuelo tras leer recientemente varios artículos sobre el horror cotididano que impera en el Califato propuesto por ISIS. Un hilo que recorre la historia de la humanidad, que en mucho recuerda la Ginebra del Siglo XVI, cuyo retrato, no conocía con detalle hasta leer este libro.

"A primera vista, tal vez parezca ridículo en qué futilidades se inmiscuye la discipline de Calvino, pero no menospreciemos el refinamiento de este método. Con intención, Calvino teje una red de prohibiciones tan densa, tan tupida que resulta imposible escapar a ella o permanecer libre. Intencionadamente, amontona las prohibiciones precisamente en lo que se refiere a menudencias y mezquindades, con lo que cualquier inidividuo se siente en todo momento culpable y se produce un estado de miedo permanente frente a la autoridad ominipontente y omnisciente, pues cuantos más cepos se pongan a un lado y a otro en el camino diairo de una persona, más didficultades encontrará para caminar erguida y libremente. Pronto, sentirse seguro en Ginebra resulta imposible, pues el Consitorio declara que es pecado hasta el más despreocupado aliento. Basta hojear las actas del Consejo para apreciar lo refinado del método de intimidación. A un ciudadano que se ha reído durante un bautizo: tres días de cárcel. Otro que, agotado por el sopor veraniego, se ha dormido durante el sermón: a la cárcel. Unos trabajadores han tomado empanada en el desayuno: tres días a pan y agua. Dos ciudadanos han jugado a los bolos: a la cárcel. Otros dos, a los dados, tomando un cuarto de vino: a la cárcel. Un hombre se ha negado a bautizar a su hijo con el nombre de Abraham: a la cárcel. Un violinista ciego ha bailado mientra tocaba: es expulsado de la ciudad. Otro ha alabado la traducción de la Biblia hecha por Castellio: también es expulsado. A un muchacha la pillan patinando; una mujer se ha arrojado sobre la tumba de su marido; durante el servicio de Dios, un ciudadano ha ofrecido a un vecino una pizca de tabaco. A todos ellos: citación ante el Consistorio, exhortación y multa. Y así sucesivamente, sin pausa. El día de Reyes, unos bromistas han metido una habichuela en el roscón: veinticuatro horas a pan y agua. Un ciudadano ha dicho "señor" Calvino en lugar de "maestro" Calvino; un par de labradores, al salir de la iglesia y siguiendo una antigua costumbre, han hablado de negocios. ¡A la cárcel con ellos! Un hombre ha jugado a las cartas: es expuesto en la picota, con las cartas en torno al cuello. Otro, insolente, ha cantado en la calle: es obligado " a cantar fuera", es decir, es expulsado de la ciudad. Dos galeotes se han peleado, sin matar a nadie: son ejecutados. Tres chicos menores de edad, que han hecho indecencias entre ellos, son condenados primero a morir en la hoguera, pero después se les concede la gracia de permanecer públicamente ante la hoguera encendida. Y naturalmente, lo que se castiga del modo más atroz es cualquier movimiento de agitación contra la infalibilidad estatal y espiritual de Calvino. Un hombre que se expresa públicamente en contra de la doctrina de la predestinación de Calvino, es azotado hasta hacerle sangrar en cada cruce de camino de la ciudad y, después, desterrado. A un impresor que, borracho, ha insultado a Calvino, antes de expulsarle de la ciudad, le atraviesan la lengua con un hierro al rojo. Jacques Gruet, solo por haber llamado hipócrita a Calvino en persona, es torturado y ejecutado. Cada falta, hasta la más nimia, consta en las actas del Consistorio, de modo que la vida privada de cualquier ciudadano está constantemente en evidencia. La policia dirigida por Calvino encargada de vigilar las costumbres no conoce, como él mismo, un solo olvido o despiste."

viernes, 15 de mayo de 2015

Fiasco en Vallecas, la no crónica de los 100 de Madrid



Antes de ponerme a escribir algo de la Despeadura Ilustrada o de lo que ocurra mañana en el Ultratrail de Hurdes, me juramenté para ofrecer algo sobre mi malograda aventura en los 100 kms. de Vallecas, celebrados un ya lejano 8 de marzo.

Lo cierto es  que no  me apetecía escribir nada, no por que me retirara, sino porque la verdad es que apenas me motivaba, ni exponer mi propia visión, ni disertar sobre una carrera cuya realidad o características me parecen un horror, algo que ya sabía de antemano.

¿Por qué me inscribí entonces? Bien, la respuesta es fácil, me apetecía  un gran primer reto a principios de año, correr unos cien en fecha temprana, sin calor ,y lo que tenía claro es que, para variar, me enfrentaría al reto entrenado, suponiendo que si llegaba preparado, mis armas serían suficientes para cumplir con el exigente reto, despejando así mis propias dudas sobre mi capacidad mental actual para afrontar grandes distancias.

De ahí que me inventara un reto, el "Desafío Run and Roll: 10 maratones en 10 semanas", que completé, que me costó un huevo, más por hacerse prácticamente en solitario y con mal tiempo, del que estoy muy orgulloso y al que ya dedicaré un capítulo específico.

Pero algo fallaba  en mi razonamiento, el que yo pensaba sólido eslabón "entrenamiento = éxito" quebró; porque sí, tenía el entrenamiento, pero una vez más se demostró que en ultrafondo lo más importante es la voluntad, la dureza mental, la ilusión o decisión de la que yo carecía.

Desde el sábado, el día anterior a la carrrera en que llegué a Madrid, creo que ya me sentí en parte derrotado. ¿Qué coño pintaba yo allí? Cada día más de pueblo, más de campo, más de monte, es bajarme del autobús en Madrid y sentir que se me cae encima un mundo de ruido, calor y lío, todo lo contrario de lo que yo entiendo por buena vida. Aunque fuera la primera vez en que iba a Madrid descartando visitar museos, conciertos o clásicas tournées capitalinas para evitar cansarme en exceso, lo cierto es que el sábado mi estado se describiría entre harto y agotado.

Al día siguiente, en la previa del inicio de la carrera a las siete de la mañana, mientras aguardaba en un anejo del estadio del Rayo, sentado en una sala de espera rodeado por los participantes, alguno de los cuales saludé, me volvía preguntar qué hacía yo allí. No estaba nervioso, estaba en simple "modo off", añorando estados ansiosos de antaño, ya consciente de que cada ocasión me cuesta más ponerme un dorsal, y que si además lo hago en una carrera de 100 kilómetros dando vueltas a Madrid, una carrera que no me llama una higa, mal vamos.

Me acababan de contar  que el recorrido era duro, con lo que veo que será complicado acabar en las 11 horas que te dan de margen. Dan el pistoletazo de salida de noche para encarar una larga subida de casi dos kilómetros y antes de llegar arriba, he decidido que haré un maratón y me iré para casa. Y así fue, hice una mierda de maratón sobre el asfalto de Madrid, rodeado de coches, de gente que nos miraba sin saber muy  bien qué hacíamos y me volví al pueblo; ni por asomo me tentó la idea de llegar a los 100, medio andando medio corriendo en un entorno tan naturalmente hostil para tal actividad.

Tal vez elegí mal, tal vez debería haberme apuntado a una prueba de montaña, en línea, nunca un circuito en el que se pasara por meta, nunca urbano, un lugar al que creo jamás volveré, a no ser para correr un maratón con mi hermano.

Algo he sacado en claro, grandes distancias, las justas, carreras, cada día menos. Me gusta el deporte pero ya no necesito ponerme un dorsal.

Bien, despues de la Despeadura Ilustrada de hace un par de semanas de la que ya daremos cuenta, hoy a las cinco de la mañana partimos en el I Ultratrail de las Hurdes, que me apetece muchísimo más que cualquier carrera, incluido los dos ironman a los que estoy apuntado este año, y que a día de hoy, hubiera descartado por completo -en este caso, también por falta de tiempo para entrenar-, pero bueno, los intentaremos completar, o al menos la natación y la bici. Ya se verá.

Como canta Alabama Shakes en ese pepinazo de canción que acaban de estrenar, "I dont wanna fight", y es que en Vallecas no quería luchar.

"¡¡YO SOY ESPARTACO!!"


sábado, 2 de mayo de 2015

I Ultratrail de las Hurdes, 16 de mayo

No hemos acabado la Despeadura y ya estamos estrenando otra jaramugada de la que venimos hablando desde el año pasado: el Ultratrail de las Hurdes. Y es que empeñado estoy en tratar de descubrir la tierra encantada de nuestros desconocidos vecinos. La idea es convertirlo en una celebración anual para ir recorriendo distintas partes de Hurdes.

RECORRIDO. Existe una única cuestión todavía por decidir: el punto de partida. Será uno de los pueblos situados en la ribera del Río Hurdano. Una tarde de esta semana revisaré los caminos de inicio para decidir si partimos de Asegur o de Nuñomoral río arriba hasta el mirador de La pregonera. Después cruzaremos el río para volver hacia Casares de Hurdes y valernos de la Ruta de Alfonso XIII para cruzar al valle del Río Ladrillar por el Alto de Las Carrascas, pasando por Ríomalo de Arriba y Ladrillar hasta Cabezo. Aquí tomaremos el sendero que nos lleva a Batuecas, desde donde iniciaremos la asensión hasta La Peña de Francia, para finalmente descender a La Alberca, final de la aventura. No lo he medido, pero así a ojo, la distancia se moverá entre 60 y 70 kms. 

HORARIOS. La prueba comienza el 16 de mayo en torno a las 6 de la mañana. La idea es cenar en el pueblo de salida y dormir hasta las cinco en algún local que consiga para echar los sacos. 

Por supuesto el ritmo será tranquilo con reagrupamientos, con todas las ascensiones caminando. Además pasamos por numerosos pueblos, posibles puntos de salida para el que quiera abandonar.

Ale, dicho queda para el que se quiera plantear hacer todo a parte de un recorrido excepcionalmente bello. Convocatoria con 15 días de antelación, no a traición como la La Despeadura Ilustrada.


 
 


martes, 28 de abril de 2015

Despeadura Ilustrada, del 30 de abril al 3 de mayo


Convocatoria a traición, más jaramugos que nunca, pero es la vida que no da tregua, que nos regatea lo más valioso, el tiempo. Aunque lo he adelantado varias veces, me hubiera gustado ofrecerlo de una forma más seria y migá, pero es lo que hay. Tal vez este año sirva de boceto para, si en el futuro repetimos, rematemos el cuadro. La idea: correr más que recorrer la mayoría de esos parajes nuestros para siempre unidos a la Guerra de la Independencia.

30 de abril. 9:00 de la noche. Cuerpo de Guardia de San Pelayo. La nocturna. 11 kilómetros. Hacia el Monasterio de  La Caridad, giro en la Ermita de la Peña de Francia, recorrido por la muralla, teso de Santa Cruz, Teso de San Francisco y final en el Convento de San Francisco.


1 de mayo. 8:00. Árbol Gordo. La de los fuertes. A los pies de Almeida, desde el Río Coa, donde tuvo lugar una importante batalla,  pasando por el Fuerte de Aldea del Obispo, seguiremos camino de Ciudad Rodrigo. Aproximadamente 45 kms.



2 de mayo. 9:00. Árbol Gordo. La del Puente de los Franceses. Desde el Parque Multiaventura de Descensos Medina en San Felices de los Gallegos, hacia el río para cruzarlo por el Puente de los Franceses a Puerto Seguro y vuelta. Alrededor de 22 kms.




3 de mayo. 9:00. Árbol Gordo. La del Combate de Bodón. Desde Fuenteguinaldo, desde la casa donde se estableció el cuartel general de Wellington, regreso a Ciudad Rodrigo por la cañada. Unos 22 kilómetros.



Apuntados a la aventura los previsibles: CiegoSAbino y yo. Ahí queda por si alguien se anima a algún día suelto. Evidentemente el ritmo será tranquilo, se trata de completar la aventura.

Con Dios.

viernes, 3 de abril de 2015

El brillante regreso de Dominique A


Un apunte para estos días en los que nadie lee. Sigo al francés Dominique A desde los noventa. Francamente, consideraba que ya había contado lo mejor de lo que era capaz; alguna de sus mejores canciones unidas para siempre a sueños o desvelos perdidos. Lo que yo ya no esperaba es que  a estas alturas publicara un disco repleto de inspiración. "Éléor" seguro entre lo mejor del año. Claro, todo muy francés, esos tipos con estilo.

Por otra parte, dejo el enlace al blog de Ciudad Rodrigo con mi intervención en la inuguración de la biblioteca del Centro Social Aldea "¿Por qué bibliotecas? Buscando mis razones".