miércoles, 21 de junio de 2017
El lugar de las cosas
EL LUGAR DE LAS COSAS
Me gustan las palabras exactas, las que aciertan
el centro de las cosas, y cuando las hallo
es como si las cosas salieran de su interior
Esas palabras son duras como los objetos
que designan, piedra, tronco, hierro, el cristal
de espejos rotos al calor de la tarde.
Intento incendiarlas cuando escribo, como si
el fuego saliese de la frase, y se extendiera
por el campo de la página en una devastación de sílabas.
Echo, entonces, más palabras a las palabras,
agua, polvo, tierra, el aire seco del verano, para que la voz
no se queme en este paisaje sombrío.
Recojo los restos, los adjetivos, los adverbios,
artículos, preposiciones, para que sólo las palabras que indican
cosas queden en el lugar que ya tenían.
Poco importa que las frases pierdan su sentido. Lo
que queda son los nombres de las cosas, para que las cosas salgan
de su interior y las podamos ver en su sitio.
(NUNO JÚDICE)
sábado, 17 de junio de 2017
Lo que bien acaba
Aunque hoy solo pienso en modo Historia del Arte, por
cuestiones administrativas no me permitieron presentar el año pasado el trabajo
de fin de grado en Derecho. No lo decía pero lo soñaba; soñaba con la matrícula
de honor que al final he conseguido y que, aunque sea más de veinte años
después de cuando debió ser, sigue
reconfortando.
Sí, la vida te lleva por caminos raros, ya lo cantaba Quique
González. A lo largo de estos años me he preguntado miles de veces por qué dejé
de presentarme a los exámenes de Derecho cuando, después de un expediente
brillante, me faltaba poco para terminar.
La respuesta me la dio un el filósofo Richard Bernstein en una
entrevista cuando, citando a Whitehead, describía el proceso educativo como
varias etapas en las que se sucedía la pasión o romance en la base, el
enamorarse de un materia, para seguir con la búsqueda de la precisión a través
del estudio y la generalización final.
Yo, a pesar de ser un enamorado de los libros desde niño,
nunca amé lo que estudiaba, equivocándome por completo en mi elección de
carrera, la que si me paro a pensar, por falta de carácter, no fue tal. Cuando el
ambiente o cierto desarraigo interno me hicieron errar el camino, no conseguí
encontrar razones para retomarlo, porque simplemente carecía de ilusión. Si
Abril decide estudiar, espero servir de mal ejemplo, algo similar a lo que también
le ocurrió a su madre con Bellas Artes.
Es curioso que el verdadero detonante para ponerme a ello
tantos años después, fuera una pulsión, esta sí constante y arrebatadora, por
estudiar algo que me gustase de verdad, en principio no más que por el placer
de aprender. Si casi siempre tengo en las manos libros raros, por qué no
dedicar esa energía a descubrir guiado y, ya de puestos, conseguir nuevos retos
y metas.
Como cuando decidía apuntarme a triatlones o ultras de
dureza extrema, todo eso sonaba muy bien tirado en el sofá o en la cama, mas
ponerse manos a la obra es algo más complejo. Estudiar es muy similar a
entrenar, se ha de acostumbrar a unos cuerpo y mente reticentes, se ha de crear
un nuevo hábito.
El contacto inicial fue algo decepcionante porque aquellas
cinco asignaturas pendientes, al pasar al Grado, se habían convertido en muchas
más y porque la UNED es más dura de lo que fue Salamanca. Por ello me costó
recuperar el ritmo crucero de las buenas notas de antaño que aspiro a mantener
constante hasta el final de Historia del Arte.
Tenía claro que el trabajo de fin de grado sería sobre
Historia o Filosofía, materias que me apasionan, de lo que, por cierto, podía
haberme dado cuenta cuando me tocó estudiarlas para encauzar por ahí mis
esfuerzos.
Ya lo comenté cuando lo presenté: el estudio y la
recopilación de información para la confección del trabajo ha sido la
experiencia académica más estimulante de mi vida, aunque plasmar por escrito el
fruto de mi trabajo y mis ideas en cincuenta folios en poco más de una semana
resultó algo ciertamente estresante.
La matrícula de honor con la oferta de trabajar en la tesis
viene a ser algo así como cerrar una puerta como es debido, es liberarme de
cierto lastre espiritual , es dejarme engañar, tal que si el tiempo no hubiera pasado
desde aquella otra matrícula de honor con la que cerré el anterior ciclo educativo
en COU, es casi creer por un instante
que en la vida transcurrida no hubo peajes y dispusiera de toda la libertad para
elegir mi futuro.
Ahora tengo que decidir el camino, benditamente mediatizado
por familia y trabajo: bajar el ritmo con Arte, o lanzarme a saco con esta
carrera para terminar cuanto antes. Un par de semanas para elegir. Lo que sí
tengo claro es que el doctorado, antes o después, aguarda, porque, al fin, es
seguir los raíles que conducen a mí mismo, es actuar conforme a mi naturaleza, es
no apartarme de lo que soy y para lo que nací, para estudiar, para aprender.
domingo, 28 de mayo de 2017
La Manzanera, la gracia y el arte de la costurera
De esos melómanos resabiados algo engreídos que todo lo saben, de esos soy yo. Por eso tuerzo el morro cuando en los viajes en coche me toca tirar de músicas de críos, como padre de cría que soy. Pero he aquí que hubo un disco, "Retahilando" se llamaba, de la Manzanera, profesión costurera, decía.
Y zis, zas...
Puntadita a puntadita las canciones se me fueron bordando en el interior, en las entretelas del corazón, que es un dicho de gente antigua del que yo gusto mucho; tanto se cosieron que antes ponía yo el disco que Abril lo pidiera; mi hija, no el mes.
Y zis, zas...
Porque me gustaban las músicas, sí, pero yo es que yo también soy esos mustios señores muy leídos, resabiados y algo engreídos, que saben de historia, poco o mucho, según con quien se compare, de la Historia grande, la que se escribe con mayúscula y de la pequeña, de las historias de pueblos y gentes. Y es que no solo disfrutaba con la música y las canciones, lo que cantaba y cómo lo cantaba, que también con lo que contaba y cómo lo contaba, con historias de viejos y viejas por muchas generaciones escuchadas.
Y zis, zas...
Y en esto que ayer en Sequeros, en pequeño teatro de pueblo encantado de la sierra, la Manzanera se nos presentó para poner cara, mucha cara, para poner gracia, pero que mucha gracia, a lo que yo sabía de memoria, pero que ayer presencié puesto en pie con un cargamento de preciosos y sorprendentes trucos y achiperres. Con un Iovis Fernández de la Cruz que así, sin darse importancia -aunque eso "de la" siempre queda la mar de señorial-, valiéndose de un montón de instrumentos y cacharros parecía tocar la única música posible para todos esos cuentos más o menos conocidos.
Y zis, zas...
Sí, la Manzanera actúa muy bien, canta que te mueres, es ágil en escena, se ríe de nosotros con nosotros, pero puede que lo que mejor la defina es esa risa de manual, en forma de acordeón, en cuarto creciente, que inunda el teatro, que pareciera vendaval capaz de llevarse todo por delante, todo lo peor de la vida, sea por una miserable o grandiosa hora, según se mire.
Y es que en la cosa del arte, como en la vida, algo es bueno si fluye de forma natural y a fe mía, que en el disco, más aún la representación, todo encaja como debe ser, como la vida debiera ser.
Y zis, zas...
Como bien decía Manuel en la presentación, este es un teatro para disfruten niños, padres y abuelos. Un espectáculo espectacular, valga la reverencia... o como se diga, que esto se estaba poniendo de más de serio, caramba. Como dijo el ratón que se subió a la baranda. Pan, chocolate y queso. Pan, chocolate y queso.
domingo, 25 de diciembre de 2016
Indispensable Séneca
"Si nuestro espíritu no siente ya más que desprecio por todo lo que nos pasa, sea bueno o malo; si se eleva por encima de las aprehensiones; si, en su avidez, deja de contemplar perspectivas ilimitadas y sabe abstenerse de buscar riquezas fuera de sí mismo; si deja de temer a los dioses y a los hombres, consciente de que poco hay que temer de los hombres y nada de los dioses; si desdeña todo lo que da esplendor a nuestra existencia y es a su vez su tormento; si consigue ver claramente que la muerte no es un mal en sí y que pone fin a múltiples desgracias; si se consagra a la excelencia y encuentra fácil cualquier camino que conduzca a ella; si en su condición de animal social y nacido para el bien de todos, considera el mundo entero como una sola y misma familia (...), entonces se ha liberado de las tempestades, ha puesto los pies en tierra firme y bajo un cielo azul. Sabe ya todo lo que es útil e indispensable saber (...), se ha retirado a su fortaleza"
sábado, 24 de diciembre de 2016
FELIZ NAVIDAD, FELIZ 2017
Como todos los años recuerdo, esta familia es muy de Navidad; sin matices, hoy que tanto se estilan. He aquí la postal de este año en la que por primera vez ha participado Abril, aunque lo que ella dibujó eran unos dinosaurios.
Elijo un villancico especial por las circunstancias en que se cantó. El "Noche de paz" ("Stille Nacht") que entonaron las tropas alemanas y contestaron las inglesas en las trincheras durante la Navidad de 1914, para jugar al día siguiente un partido de fútbol histórico. La Primera Guerra Mundial, una de las más terribles y devastadoras, es a la vez una de las más absurdas e injustificables. Ese maravilloso partido ponía de manifiesto de la forma más sencilla, contundente y valiente posible el gran trampantojo que unos cuantos criminales sinvergüenzas habían urdido desde sus lejanos y confortables despachos.
A lo que iba:
¡¡FELIZ NAVIDAD!!
¡¡FELIZ 2017!!
domingo, 18 de diciembre de 2016
PJ Ofelia
El descubrimiento la semana pasada de "Ofelia", el perturbador y hermoso cuadro de John Everett Millais, trazó un puente inevitable con otra bella y oscura creación que en su tiempo me trajo de cabeza, el tercer disco de un artista de trayectoria irreprochable, cuya portada supongo guiño a la obra del autor romántico.
domingo, 11 de diciembre de 2016
¿Cómo una canción tan chunga es una de las mejores?
O cómo una canción de mensaje tan cutre, superficial y machista, simple exponente de otro tiempo por otra parte, puede expresar casi el raspado del tiempo fluyendo o qué fue el vivir al recordar. Combinación de una música y forma de cantar extraordinarias, la voz del más grande cantante que parió esta raza.
Hace unas semanas, mientras amanecía, escuchaba en el coche "Strangers in the night" y de verdad que por unos minutos me pareció la canción más hermosa del mundo. Y es que el amigo era tan bueno en lo suyo como mala gente. Por eso era el mejor.
viernes, 9 de diciembre de 2016
¡¡ÉL ES ESPARTACO!!
Era lo suyo, no ha lugar a sorpresa, porque Kirk no es cualquiera... ¡¡ÉL ES ESPARTACO!!
FELICIDADES por sus 100 años.
"Espartaco", esa cinta VHS a la que volvía una y otra vez de chaval, que hoy reviso al menos una vez al año. Aunque crea que las razones han cambiado, me engaño; siguen siendo las mismas, sigo siendo lo mismo. Y eso reconforta.
Enriquecedor viaje jazzístico de Bill Evans por la banda sonora de Alex North.
jueves, 8 de diciembre de 2016
En el estreno de la temporada de la Scala
Desde Salamanca, claro, en una sala de los cines Van Dyck más concretamente, valiéndonos de esa gran idea que es la retransmisión de óperas en directo, una ventana a esa experiencia de arte total. El montaje original de "Madama Butterfly" de Puccini en 1904, que acabó como el rosario de la aurora, como tantos otros estrenos de obras maestras, por otra parte.
La semana pasada me desvirgué con Wagner, con "Tristán e Isolda", una fecha hace tiempo esperada. Entré en el cine a las cuatro y media y salí casi las diez. Demasiado tiempo para mantener la atención debida a tal derroche de estímulos. Un dilatado pico emocional, el del acto segundo. Algo que en el coche parecía bello -cuando no sabía de qué hablaban- se elevó muchos grados hasta convertirse en, creo la manifestación más pura que pueda existir, con una comunión mágica de música y texto extraordinarios, del amor romántico - emparentado con el Romanticismo como movimiento, no lo que comúnmente se entiende-, por encima de la realidad o la vida, más allá de la muerte.
martes, 6 de diciembre de 2016
Esa ciencia ficción para pensar
La vida no da para más. No cabe seguir restando horas de sueño para hacer todo eso que me apasiona cada día más, demasiados libros o estudio; ahora no tengo clara la frontera, lo que es simplemente maravilloso. Nace un propósito -uno más- el de al menos escribir algún párrafo, algún rápido apunte y replegarme, más que nada para que este blog, antaño tan ilusionante, no se me muera.
La semana pasada doble ración de cine de ese subgénero que algunos nos chifla y que nos ha regalado varias joyas indiscutibles, el de la de ciencia ficción con inquietudes entre existenciales y filosóficas. Ese que nos sirve para reflexionar, valiéndose del vértigo que produce nuestra relación con el espacio o el tiempo, o a través del encuentro con el otro o lo otro, que nos sirve para intentar definir nuestra naturaleza, tirando siempre de ese componente algo irracional o inexplicable que atesora el ser humano. Nada que ver con "Marte" otra película que yo supuse del mismo palo y que no resultó más que una simple y vacía película de vaqueros en el espacio.
"Interstallar" de Nolan, siendo una buena película, y aunque me gustó más que la primera vez que la vi -la sesión de las 22:30 es una hora imposible para mí, dada su duración, mi edad y mis costumbres-, me parece que quiere más que puede, aunque hay que reconocer que quiere demasiado y se queda en mucho.
"La llegada" es una gran película, a la altura de las mejores. Detrás la misma pluma que en la magnética "Incendies", la del canadiense Denis Villeneuve, desde ya un gran autor, para contar con un tono y tensión impecables, lo pequeño y lo grande, mi vida y la vida. Como curiosidad, los recuerdos de la doctora con su hija es puro "El árbol de la vida" de Terrence Malick, otro autor profundo, lo que supongo será una forma de homenaje más que una referencia demasiado obvia.
Hace unos meses compartí en facebook la pieza del alemán Max Richter que abre y cierra la película y no obtuvo un triste "me gusta". Escuchándolo en la oscuridad del cine, con ese volumen y calidad, me parece aún más inexplicable.
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