Esta semana me enteré que se murió Sven Hassel. 95 años. No sabía que vivía en Barcelona. La mayoría no tendréis ni idea de quién es este tipo pero seguro que a alguno de mi generación le trae buenos recuerdos.
Siempre estará unido a una etapa de mi vida, dos, tres años durante los que traficábamos a diario con sus libros. Inicio de la adolescencia, entre catorce y dieciséis años. Ya habíamos comenzado a leer más en serio y a Txero y a mí, que ya éramos entusiastas de la Historia, nos dio por la Segunda Guerra Mundial, como a tantos otros, por otra parte.
Devorábamos sin miedo y con ganas libracos y sesudos estudios sobre batallas, protagonistas, consecuencias, teorías sobre el más tremendo horror acaecido a la humanidad. Bien, Sven nos proporcionó el lado más lúdico del tema. Sus novelas me hicieron pasar tan buenos ratos que este artículo no es más que una agradecida despedida.
Sven fue un tipo rodeado de sombras. Se nos contaba que era danés y que sus novelas reflejaban sus experiencias alistado en el ejército alemán durante la guerra. A pesar de ser dagales imberbes, ya éramos expertos en la materia y había bastantes cosas que no nos cuadraban, sobre todo por la variedad de escenarios. Más tarde sí confirmamos que sus vivencias ya habían sido puestas en duda y que más bien se reflejaba lo relatado por otros soldados, esto sí, participantes directos.
Tampoco es que importara mucho. Eran novelas, tal vez no muy bien escritas -eso no lo recuerdo- pero terriblemente entretenidas para nosotros. La nostalgia que ahora me provoca hojear "Camaradas del frente" da cuenta de lo maravilloso que fue acompañar a la unidad de Sven en sus aventuras por toda Europa, de Rusia a Monte Casino, de París a Polonia.
Ahora ya se han hecho grandes películas sobre la guerra: "La cruz de hierro", "Stalingrado", "Salvar al soldad o Ryan", "Platoon", "La delgada línea roja", pero por entonces quizá estábamos acostumbrados a las pelis yanquis más pacatas, maniquéas y asépticas sobre el tema. Las novelas de Sven ponían voz al soldado alemán y nos acercaron a lo que podía ser la guerra de verdad: un verdadero asco, tanto en el frente como en retaguardia. Y desde luego lo que estaba claro es que la mayor parte de la Wehrmacht no tenía nada de nazi. Eran alemanes, gente eficaz en cualquier tarea que se le encomiende.
Sí hay algo que quedó para siempre en mi memoria es ese especial vínculo creado entre los combatientes, entre esas personas que lo único que tienen en común es que su vida no vale nada y que tan bien se refleja en las entrevistas que acompañan a esa magnífica serie que es "Band of Brothers".
Desde aquellas tardes de horas muertas hojeando y codiciando aquellos libros de portadas tan bonitas y tan serie B en la librería de Garzón, esos personajes, de una u otra forma, me han acompañado y me formaron a la hora de valorar mucho de la vida.
Me gustaría despedirme en condiciones de Porta, Hermanito, el Viejo, el Legionario, Heide. Por ello, y aunque probablemente me horrorice -con el tiempo piensas que te vuelves más exigente cuando únicamente te conviertes en un esnob elistista-, volveré a leer "Los panzers de la muerte".



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