viernes, 12 de octubre de 2012

Adiós, camarada Sven


Esta semana me enteré que se murió Sven Hassel. 95 años. No sabía que vivía en Barcelona. La mayoría no tendréis ni idea de quién es este tipo pero seguro que a alguno de mi generación le trae buenos recuerdos. 

Siempre estará unido a una etapa de mi vida, dos, tres años durante los que traficábamos a diario con sus libros. Inicio de la adolescencia, entre  catorce y dieciséis años. Ya habíamos comenzado a leer más en serio y a Txero y a mí, que ya éramos entusiastas de la Historia, nos dio por la Segunda Guerra Mundial, como a tantos otros, por  otra parte. 

Devorábamos sin miedo y con ganas libracos y sesudos estudios sobre batallas, protagonistas, consecuencias, teorías sobre el más tremendo horror acaecido a la humanidad. Bien, Sven nos proporcionó el lado más lúdico del tema. Sus novelas me hicieron pasar tan buenos ratos que este artículo no es más que una agradecida despedida.



Sven fue un tipo rodeado de sombras. Se nos contaba que era danés y que sus novelas reflejaban sus experiencias alistado en el ejército alemán durante la guerra. A pesar de ser dagales imberbes, ya éramos expertos en la materia y había bastantes cosas que no nos cuadraban, sobre todo por la variedad de escenarios. Más tarde sí confirmamos que sus vivencias ya habían sido puestas en duda y que más bien se reflejaba lo relatado por otros soldados, esto sí, participantes directos. 

Tampoco es que importara mucho. Eran novelas, tal vez no muy bien escritas -eso no lo recuerdo- pero terriblemente entretenidas para nosotros. La nostalgia que ahora me provoca hojear "Camaradas del frente" da cuenta de lo maravilloso que fue acompañar a la unidad de Sven en sus aventuras por toda Europa, de Rusia a Monte Casino, de París a Polonia. 

Ahora ya se han hecho grandes películas sobre la guerra: "La cruz de hierro", "Stalingrado", "Salvar al soldad o Ryan", "Platoon", "La delgada línea roja", pero por entonces quizá estábamos acostumbrados a las pelis yanquis más pacatas, maniquéas y asépticas sobre el tema. Las novelas de Sven ponían voz al soldado alemán y nos acercaron a lo que podía ser la guerra de verdad: un verdadero asco, tanto en el frente como en retaguardia. Y desde luego lo que estaba claro es que la mayor parte de la Wehrmacht no tenía nada de nazi. Eran alemanes, gente eficaz en cualquier tarea que se le encomiende. 

Sí hay algo que quedó para siempre en mi memoria es ese especial vínculo creado entre los combatientes,  entre esas personas que lo único que tienen en común es que su vida no vale nada y que tan bien se refleja en las entrevistas   que acompañan a esa magnífica serie que es "Band of Brothers".

Desde aquellas tardes de horas muertas hojeando y codiciando aquellos libros de portadas tan bonitas y tan serie B  en la librería de Garzón, esos personajes, de una u otra forma, me han acompañado y me formaron a la hora de valorar mucho de la vida.

Me gustaría despedirme en condiciones de Porta, Hermanito, el Viejo, el Legionario, Heide. Por ello, y aunque probablemente me horrorice -con el tiempo piensas que te vuelves más exigente cuando únicamente te conviertes en un esnob elistista-, volveré a leer "Los panzers de la muerte".

martes, 9 de octubre de 2012

La luz que brilla a tu alrededor


Bajo la luz poderosa e implacable de las salas del hospital, tan falsa como brillante,  reina la única luz, puede que la única legítima, la del recién nacido, la del  parido a la vida, la de la vida misma, la que reverbera en el estuario de Lisboa, la que quiebra las hojas de los tupidos árboles sobre  cabezas  de ojos cerrados en tardes de primavera.
 
Hospital como espacios y pasillos iluminados en madrugadas  vacías y despiertas. La agonía y la esperanza. Vidas separadas por suelos y tabiques. En el instante en el que muere un anciano, en otro planta, a pocos metros, nace una niña arropada por la alegría más pura y sencilla, la del amor no pensado que jamás exige.
 
Esa gran colmena de estancias donde tantas veces se viene  a morir y donde pocas veces se muere. Frente a la muerte y el verdadero dolor  que carece de consuelo, el  único sentimiento que hace hermanos a los hombres, el del miedo a la marcha, el de la pelea por seguir siendo, una madre pare. Una madre da a luz. No puede haber palabras menos impostoras, expresión más certera que esa niña, que ese hijo cegando con su luz todo en derredor.
 
Tras las puertas de ese pequeño mundo de hierro y hormigón, donde se nace y se muere, un comienzo o un nuevo comienzo. Tratar de conservar esa luz que poco a poco, golpe a golpe, año a año, se irá apagando hasta el día que, cenicientos, toque regresar.
 
Para empezar, hay que terminar. Para vencer, hay que temer. Para vivir, hay que morir. Y vivir, no es más que morir día a día. 
 
"What is the light that you have shining all around you?"
 

viernes, 5 de octubre de 2012

"Maneras de vivir" (Cincuenta años de Manolín)


Para ir calentando la llegada del cincuenta aniversario del bar más jaramuguil.

“MANERAS DE VIVIR” (50 AÑOS DE MANOLÍN)

1963
Luna de noche de Reyes,
noche entre sueño y mentira
Aquellos trucos de magia,
juegos  de cartas de Manolín,
los que me hicieron sonreír
en mediodías de verano
de la mano de mi padre.
Bajo aquel Ayuntamiento
desplomado, deslomando
aquella tarde de carnaval.

Manolín, nombre sencillo.
Básico, sólido, es rock
frente al peor paleto,
el que rastrea lo moderno.

Hay veces que cambiando de ciudad
un día, un invierno, una vida,
en todas, otros Manolo, Tere, Chago
en todas, otro Manolín.

Noches eternas de humo y riffs,
disparates, remordimientos
besos y risas, atento Alexanco

1963,
Richards echa a rodar piedras
2013, cincuenta años.
Cauces de cantos rodados
Tiempos distintos, gentes distintas.
Todos atados por canciones,
versos con la fuerza de remos
que nos bastan, suficientes
para navegar la vida.
Forajidos de la realidad.

Tiempos distintos, máscaras distintas.
Todos marcados por nombres
brillando en camisetas
devaluadas de algodón
que significan tanto
para quien quiera entender,
para quien quiera escuchar.

El rock me hizo diferente,
Me hizo sentir diferente.
Nunca seremos números uno,
vence el que dicta las normas.
Tan cómodos en nuestra piel,
interpretando el papel,
nuestras maneras de vivir
en la puerta del Manolín.

Garajes de cuero negro
Gritamos: “¡NOS BASTA EL DOS!”
Elijo el otro lado
2013, cincuenta años
Cuando el pasado cuenta,
es tiempo de guardar la llama

1963,
En lo alto de las listas
olvidados campeones de ultramar
pero todos recuerdan el dos
“Loui, Loui”, ¡Iguana, muérdela!
Otros cincuenta años de lunas,
una luna más, una noche más
Una noche sin ti,
otra noche en el Manolín. 


miércoles, 3 de octubre de 2012

Marcos Ana


La semana pasada descubrí a Marcos Ana, poeta salmantino de Alconada. De sus noventa y dos años de vida, veintitrés le fueron arrebatados por las cárceles franquistas. Joven cargo del partido comunista durante la guerra, fue el preso político que más tiempo pasó en prisión.

Su historia, de un vistazo y contada por él mismo en su blog,  refleja de forma escueta y serena  su vida, su infancia, la guerra, el pertinaz hastío de la prisión, sus comienzos como poeta, la relación con sus compañeros y con el exterior. 

Más que nada me gustaron esos poemas empeñados en captar la esencia del dolor rutinario y tranquilo que es la cárcel,  recuerdos y desesperanza como tormento cotidiano e incomprensible. Aceptación o rebelión frente a la implacable duda acerca de si algún día volverás a ser dueño de tu destino.

"Mi vida"

“Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio.
Y un trocito de cielo
por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas”.


"Pequeña carta al mundo"

Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.
  
Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.
  
Siete mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?
  
No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supieseis vendrías
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si no nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.
No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais,
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo
buscad en las soledades
del muro mi testamento:
al mundo le dejo todo,
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
 terrible y roja, en el centro.

"Mi corazón es patio"
La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.
Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.
Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)
A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.
Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.
“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…
  
Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)
  
Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.
  
¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!
Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).
  
Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.
  
Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)
Claro, ¿Cómo no emparentarlo con Segismundo? ¿Cómo no recordar el anónimo "Romance del Prisionero" que aprendimos quienes estudiamos aquella E.G.B? Imagino que esto ya no se estudiará. Versión de Amancio Prada

martes, 2 de octubre de 2012

"Tempest" según Fernando Navarro



Estupendo artículo de Fernando Navarro sobre "Tempest". Uno de los mejores críticos de este país. Alma gemela en sensibilidad más que estrictamente musical, vital, diría yo.  Extrañas coincidencias en la forma de descubrir e interiorizar el eco de la música en el discurrir vital diario. Si os interesa el tema y la figura, no os lo perdáis.

 

lunes, 1 de octubre de 2012

Solo dos fechas



Epitafio de Héctor Abad Gómez

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

(Jorge Luis Borges)

Si lees poesía, la mayoría de los versos pasan para no permanecer. Sin embargo, hay poemas que ya nunca marcharán de tu vida. Borges, un hombre que retratando la fragilidad de la condición humana, la fútil ambición de inmortalidad y el olvido, jamás será olvidado. Otra forma de permanecer con vida.

Este poema porta una curiosa historia: fue encontrado por el escritor Héctor Abad en un bolsillo de su padre el día que lo asesinaron.