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martes, 8 de noviembre de 2011

Maratón de Oporto, "sub3" al modo Krupicka


No hay suspense. La mayoría ya conocéis que hubo final feliz. 2:58:35. Puesto 111 de los 1.545 que entraron en meta. Este dato sí que me sorprende. Al cruzarme con la cabeza de carrera, es cierto que tenía la impresión de que no me precedían muchos atletas y todos me parecían corredores curtidos, pero nunca imaginé que estaría tan alante.


No voy a insitir. Ya os conté que ha mucho tiempo tenía el sueño de bajar de las tres horas pero pocas veces había estado cerca. Hace muchos años, 3:01 en San Sebastián, un "3:04" en Sevilla, un "3:06" en Asturias. En 2011 a una eternidad del tesoro, 3:14 en Badajoz y 3:10 en Sevilla.



Comienzo por el título, Krupicka es un corredor americano de montaña al que se suele identificar rápidamente por su barba y melena de iluminado y porque a menudo corre sólo con el pantalón, sin camiseta. Ya sabéis, el mundo de la montaña es muy "dao" al rollo espiritual, a la "conexión" con la naturaleza, a la filosofía de saldo de centro comercial Sí, sí, yo me río, me río... pero ya sabéis que a mí todo eso me toca muy cerca,y cuanto más subo al monte, más lo entiendo. La idea es diferenciar la realidad de la impostura o de la mera estrategia comercial.


En fin, que el tema del maratón no tiene nada que ver con todo esto sino que la relación viene de que ayer me hice casi todo el maratón a la guisa del fulano de la foto, en pantalón corto y sin camiseta.



Con Michel, un amigo que acabó la carrera tan o más contento que yo.

Mis razones. Uno de los mandamientos del maratoniano es el de no estrenar nada el día de la prueba. Si una prenda te da problemas, correr 42 kms. con ella, puede convertirse en una tortura. Bien, yo me compré una camiseta y un pantalón por cuatro duros en la feria y los estrené el domingo. Hacía más calor del que yo pensaba. Yo quería frío, más frío. En distancias cortas me da lo mismo pero en "larga" sé que el calor me tritura. Cuando llevaba cinco kilómetros, ya me dije que aquella camiseta era una manta y que iba a prescindir de ella. En el 9 me la quité y allí se quedó.

Más tarde fui consciente de que me encantaba correr así. Resultaba muy agradable y refrescante sentir en todo tu cuerpo el abrazo de la brisa. Casi me sentía como un indio. Aunque parezca más un espontáneo que un corredor serio, no descarto abonarme a correr así en carreras largas. Quizá haya que hacerse unos tatuajes y hasta depilarse para que todos te conozcan y hasta alguna marca de las raras te pague las zapatillas.



Aunque parezco animado en la foto de la salida, no las tenía yo todas conmigo. Las más de doce horas de pateo de Oporto del sábado me parecían como poco, temerarias, pero en ese sentido, un viaje así no me lo puedo plantear de otra forma. No puedo irme a Oporto y quedarme sentado. Va en contra de mi naturaleza. Tal vez todo ha empezado a rodar porque escucho a mi cuerpo y le doy lo que me pide y le exijo o mejor dicho le dejo de exigir cuando él me avisa. Simplemente intento hacer lo que me hace sentir bien.


Cuando comenzó la carrera trataba de animarme  mirando fijamente el globo de las tres horas y dando palmadas. ¡ROCK AND ROLL! El principio es muy duro. Una rampa larga y dura que todos intentamos recorrer demasiado deprisa. Mi globo sale disparado y hasta el Km. 4 no lo alcanzo. Después ya sabéis, la anécdota de la camiseta. Circulamos al margen del río.hasta el caso urbano (Km. 17).


El recorrido es bueno aunque no idóneo como los de Sevilla o San Sebastián. Hay unos cuantos tramos de pavés, alguno de ellos en cuesta al paso por la ciudad y al otro lado del río que hacen bastante daño. Marché con la liebre hasta la media maratón donde pasamos con un tiempo de algo más de 1:29. Aunque no me sentía especialmente bien, me dije que íbamos muy justos, que necesitábamos algo más de colchón y decidí adelantarme, también por correr algo más cómodo ya que la parte de la carrera que discurre al  otro lado del río, tras un emocionante paso por el emblemático Puente de Luis I, es demasiado estrecha y en algunos tramos había demasiada congestión, incluso con riesgo de caída.


LLegando al Km. 27 me noto flojear y sobre todo noto las piernas pesadas, algo doloridas. Es la falta de alguna tirada larga como Dios manda. Sin embargo, trato de concentrarme y seguir manteniendo los ritmos en torno a 4:15. Al paso del tunel que nos devuelve a la ciudad, atrona Bob Marley y notándome cada vez más lento y que mis pies cada vez pesan más, me digo que tengo que ser ligero, que tengo que ir suave, fácil, que todo esto es más espiritual que cuestión de fuerzas. El reggae me ayudó.  Más mal que bien, debí conseguirlo. A pesar de un fuerte viento en contra que sopló a lo largo de todo el  río hasta el Km. 40 y un par de repechos que hicieron daño de verdad, seguí adelante, pasando atletas y apretando un poquito más hasta la larga recta de meta en subida en la que traté sin éxito, de engancharme a un atleta portugués del que yo había tirado en el plano y que me animaba a voces para que no me soltara.

Nada me quitará ese recuerdo, esos kilómetros finales animando a todos los que iba dejando atrás, esa recta de meta infinita y cuesta arriba en la que jadeando como una locomotora, no podía dejar de sonreir y dar las gracias a todos los que me animaban. Fue algo tremendo. Un subidón natural. Endorfinas en torrente. Y sí, por unos instantes, al entrar en meta, me emocioné de verdad.

Curioso que de los 46 maratones que llevo, en el más rápido que he corrido, ha sido en el que probablemente haya acabado más entero, sin síntomas de agotamiento, sin dolores y sin problemas de estómago a pesar de los tres geles que tomé.


Mis compañeros de aventura. Michel consiguió su mejor marca. Se lo merecía más que nadie. Juanlu y Santi consiguieron la medalla a pesar de llegar tocados.


Aunque me parece igual de difícil que antes, me siento con margen de mejora. Tal vez alguien pueda pensar que tras haberlo conseguido, ahora lo veo más fácil o asequible. No es así. En un maratón son muchos los factores a tener en cuenta y es difícil mantener esos ritmos durante tanto tiempo. Seguiré en ello y seguiré a mi manera, sin planes, sin series y haciendo lo que me apetece. Por ese camino veo factible bajar esta marca aunque ya no es algo que me quite el sueño que sí era bajar de tres horas. Tal y como yo entiendo el deporte, bajar dos, cinco minutos, me preocupa poco. Prefiero trabajar para completar Sables o Spartathlon que para rebañar unos segundos. Hombre, sí me haría ilusión bajar el 1:20 en media aunque eso no lo veo tan claro. Sin un trabajo específico de calidad me parece difícil, pero se intentará.


2011 ha sido un buen año. Me había propuesto aprobar dos asignaturas pendientes. He conseguido ambas. Un inmerecidísimo Oro en Quebrantahuesos ya que no había entrenado nada y bajar de tres horas en maratón. En 2012 hay que quitarse la espina del Ironman. Estos dos años no lo he intentado más que nada, porque no cuadraron las fechas.

Os dejo un vídeo de Krupicka para que conozcáis al personaje y otro de uno de los cantantes que mejor me hace sentir cuando lo necesito. Es curioso que con lo que me gusta, sólo haya pasado por aquí en una ocasión. Es Josh Rouse. Orfebre pop con influencias en tiempos country, ahora bossa. Se enamoró de la luz mediterránea y de una valenciana y por aquí se quedó. Hasta las canciones tristes suenan cálidas y achuchables cuando él las canta. Banda sonora para un fin de semana perfecto. En un par de días pongo unas fotos de Oporto y os cuento algo. Un adelanto.





Hoy sí que sí, "¡¡YO SOY ESPARTACO!!"

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dos cartuchos


3 horas. La barrera.  Cualquier maratoniano popular sabe de qué hablo. El sueño de muchos corredores. Mi sueño de muchos años que finalmente en los últimos tiempos se fue quedando atrás como un imposible. Mi desorganizado y escaso régimen de entrenamientos así como la negativa de mis gemelos a soportar sesiones continuas de asfalto, prácticamente me habían hecho desistir de tomar en serio el éxito de la empresa.,

Sin embargo a día de hoy, vuelvo a tenerla en el punto de mira. Los ritmos de las últimas medias maratones me han hecho recuperar la ilusión. 1:24/1:21/1:23 en teoría deberían dejarme cerca del puerto que anhelo, sobre todo por las buenas sensaciones que he tenido a largo de las carreras y lo entero que he finalizado las pruebas.

Sé que me falta algún rodaje largo de más de dos horas. El Maratón de Montaña de Torrejoncillo queda ya muy lejano pero tengo dos posibilidades, dos balas en la recámara. Oporto este domingo y San Sebastián el día 27. Si no lo consigo en la primera oportunidad, tal vez me sirva de entrenamiento largo para el ideal circuito de Donostia.

En todo caso, triunfe o fracase, siempre es una buena ocasión para visitar dos de mis ciudades preferidas. 


Creo que una de las razones por las que he recuperado la forma y la chispa es que tras el verano he entrenado con algo más de regularidad gracias a que una curiosa mañana me di cuenta de me encantaba correr y hacer deporte. A veces, con personas ajenas al mundillo, parece que tienes que justificar por qué entrenas o tratar de explicar que no estás loco. Hago lo que me gusta porque me hace sentir bien y adoro todo lo que rodea al mundillo, desde el entorno y los viajes a los amigos y compañeros. No hay más. Aunque muchos no lo entiendan, comulgo con el que cuenta que ponerse a prueba a todos los niveles, mide la intensidad de una vida. El mejor combustible para mi motivación, la verdadera locomotora. Parece simple, no es algo que echara en falta pero ahora, con la ilusión inundándome, si eres consciente de que antes no lo tenías. A veces nos centramos en los problemas y aspectos negativos y olvidamos todo lo bueno que nos rodea. 



Separados por un océano y seis horas de diferencia, el Doctor Ironman pondrá su empeño en una empresa similar. Anda mejor que yo y bajará con solvencia de las tres horas si no se lía con la multitud del maratón más grande. Mucha suerte, David. Nos vemos en el Ruéu.

Hace unas semanas decía que no era capaz de encontrarle el encanto al asfalto y heme aquí, tras tres fines de semana consecutivos de medias maratones y con dos maratones a la vista. No os voy a engañar, me ha gustado correr a esos ritmos y sentirme veloz pero tal vez lo he soportado porque lo he conseguido compaginar con algo de montaña cada semana. Béjar, Gredos, Médulas, Monfragüe, Rebollar me oxigenaron y estoy seguro me hicieron más fuerte. Amo las montañas, me dan la vida. Ningún lugar me hace sentir tan pleno. Me ha gustado el vídeo de Kilian en el que explica por qué se retiró en su primera carrera y canceló otro compromiso en Sudamérica. Simplemente se dio cuenta de que estaba olvidando por qué corría y regresó a la soledad de sus montañas más cercanas. Ahí está todo, ahí está el secreto. Lo mejor son las palabras de su madre contando historias del Kilian más dagal.



Hay otra razón por la que quiero marchar hoy. El mar. Este año no lo he visto y me apetece sentarme en silencio en la playa. No es tiempo de los relatos que cuentan Manel pero su magia permanece intacta.

El lunes os cuento.