miércoles, 27 de junio de 2012

Ciudad Rodrigo, Palacio de Ávila y Tiedra

  

Los que me conocéis, ya sabéis que estoy enamorado de mi pueblo, para mi uno de los más bonitos de España. A cuenta de ello, ando dándole vueltas a un proyecto, el de ir enredándome entre sus piedras, en su Historia e historias para usarlo como pie para mis propias historias y sentires. 


Ciudad Rodrigo es la ciudad de los palacios. Os dejo algo escrito sobre la fachada de uno de los que más me gusta desde crío, el Palacio de Ávila y Tiedra, también conocido como del Conde Montarco o de los Castro. Aquí solo me centro en el edificio, más en concreto en su fachada. Además de en el patrimonio artístico, en tantos edificios y rincones plenos de encanto, quiero entrar a fondo en lo sucedido entre murallas para explorar esa rica veta histórica. Todo ello, de llevarse a cabo, ya no aparecerá en el blog, de vocación temática menos local -si acaso se colará algún relato-. No es más que un comienzo, un propósito. 


"Andan los años y ando la plaza. Dicen que el tiempo erosiona  cariños. Ni noches de invierno, ni madrugada de soles.  Mi veneración permanece constante, tan sólida como su porte, sin más duda que el escaso desgaste que quinientos años de asombro consiguieron estrellar contra sus líneas. Esas líneas que parten frente a tus pies o sobre tu cabeza, para perderse, siempre puras, tan allá.

Gigante rectángulo por fachada, reflejado en el limpio espejo rectángulo que es la Plaza del Conde. Rectángulos por ventanas.  Dentro de estas, otros rectángulos y dentro de estos… un seguir, un llamar, un edificio que todo él es tender, querer, crecer.

El rojo color de los  sillares nacidos de la tierra, orgullosos de ser arrancados de las entrañas de ese orden desordenado que es la naturaleza para, moldeados, poder seguir encarnando perfección y armonía, como si el mismo palacio se hubiera alzado de las profundidades sin intervención de la poco fiable mano humana.

Esas pasiones humanas que te parieron y partieron. El afán de poder siempre arrastra la condena del temor a perderlo. Desmoche no parece palabra propia, se antoja vulgar y pedestre, poco ilustre para acompañar todos tus nombres. Si el signo no casa, cómo soportar la propia acción que encarna la voluntad del que un día se sintió invencible. Desmochado  una mañana que parecía como cualquier otra. Sus ambiciones y miserables sueños pasaron. Tú permaneces bello, indiferente a las cicatrices, con el aplomo orgulloso del que perdió piernas y batalla en combate.

Todo elegancia y altivez no se conforma. Al frío y austeridad del Renacimiento se le trata de insuflar vida. Ahí en el rincón de esa puerta tan a desmano, dos seres nacidos en el infinito mar calmo que es su fachada, dos serpientes de torso fuerte, nervios del palacio,  cabalgando sobre el océano, remedando  aquellas terribles serpientes de la Eneida que sedientas de sangre se aproximaban a la costa. Decapitadas, leones por cabezas cercenadas.

Todo perfección distinguida, vuelve a querer más. Y muestra el arte de  labrar la plata. Y se tallan cornisas y ventanas cual orfebre. Ganchillo de flores y ramas con lana que no se  ovilla. Animales inventados como los de aquellos maestros del Románico, aquellos que enseñaron el camino de la maravilla y que inexplicablemente no dejaron sus nombres escritos por doquier. Cuesta hoy comprender cómo el orgullo cedió frente al testimonio de la obra en sí. Enigmática figura la de aquellos maestros perdidos en el tiempo.

Bajo el  escudo de la casa sostenido por ángeles, porque de inspiración divina sería el mecenazgo de esta obra, doy un paso y cruzo la entrada que no podía ser más que  abrazo curvo, tierno y acogedor, rompiendo de nuevo la armonía de la recta  y penetro en un interior cuyas heridas lucen recién restañadas, como saludando su segundo milenio más fuerte y convencido que nunca."

Vale.

9 comentarios:

CiegoSabino dijo...

Algún dato un poco más prosaico que no sé si conoces.

Si te fijas en los ángulos superiores del rectángulo, verás que se corta la cornisa. El palacio originarimante estaba rematado por sendos torreones en cada una de sus esquinas, que fueron derribados (junto a los de otros palacios) con motivo de alguna de las guerras internas con motivo de la sucesión en la corona (no recuerdo exactamente, pero quizás fuera en la guerra de Isabel la Católica contra Juana la Beltraneja). En tales ocasiones las familias nobles se dividían en sus apoyos y se ve que los de ese palacio tomaron bando por la perdedora, sufriendo como represalia el desmoche de las torres, algo muy simbólico.

A mi desde luego siempre me ha parecido que le faltaba algo, sin duda las torres le darían otro aspecto mucho más altivo.

Joserra Rodrigo dijo...

Ciudad Rodrigo es un pueblo maravilloso, lo adoro . A ver si este año podemos pasar por allí rumbo a Lusitania.
Abel nos vemos pronto con Justin aka Bon Iver.Qué alegria. Abrazos Westman, vives donde mereces!

Atalanta dijo...

Sabía lo del desmoche pero no lo tuve en cuenta. Buen apunte, buen material ya subsanado con nuevo párrafo escrito a la velocidad de la luz y probablemente remendado esta noche. Supongo que sería en la guerra que mencionas. En la revuelta comunera, Ciudad Rodrigo fue fiel a Carlos aunque había familias partidarias de la otra Juana. Curiosa costumbre que afectó por entonces a tantas ciudades en Castilla en periodos de consolidación del Estado. Seguro que sería mucho más imponente con las torres pero la fachada sigue siendo una maravilla. Hay que leer mucho y hablar con esos mirobrigenses que controlan tanto del pueblo para recabar todo ese material de primera que abunda en nuestras calles.

Joserra, ya quedaremos. Es que como pases algún día por aquí a nuestro querido Portugal y no avises, te mato. Ni de coña merezco vivir yo en un lugar tan espléndido :). En tres semanas nos vemos, compañero. Abrazo.

Suso dijo...

Solo he estado una vez. Quedé medio alucinado... paseando de noche.
Además, me tocó un hotel integrado en un edificio histórico... Veníamos mi mujer de Portugal.
Un abrazo.

Carmen dijo...

Enhorabuena, Abel!! Impresionante, precioso, único. Lo comparto en el muro del Palacio, mil gracias!! Tenemos que recompensarte de alguna manera, a tí, ahora que eres parte de algo tan grande para mí...Os vamos a regalar una suite para una noche en el Palacio, para Susa y para tí, de nuevo enhorabuena...

Atalanta dijo...

Suso, cuando quieras estás invitado. Buen guía ya tienes. Además podemos plantear algún retillo de un día o dos por alguna de las sierras cercanas, con lugares preciosos, para que te sirva de cebo :)

Mosquis, Carmen, muchísimas gracias. Se puede decir que es la primera vez que gano algo material escribiendo... y menudo regalo. No sabes la ilusión que me hace dormir en la habitación principal de un edificio tan especial. Ya hablaré contigo para que me pases material histórico para tratarlo a mi estilo. Además me daré una vuelta de vez en cuando por allí para quedarme un buen rato alelado buscando inspiración para el interior... aunque, joder, qué mejor que dormir allí. De nuevo muchas gracias.... y la Susa no te digo nada lo contenta que está.

Suso dijo...

Pensaba que ya te habías estrenado en algún certamen literario.
Hace años recibí 100 dólares de la Universidad de Illinois por un segundo premio en un concurso de cuentos en castellano.
Aquella noche no pegué ojo, así que imagino lo contento que te has puesto con tu premio.
Por cierto, aún tengo unos euros que dejaste en mi cartera. Los invertiremos en unas cervezas este invierno, en una taberna de esa tan bien cincelada villa.
Un abrazo.

Atalanta dijo...

Mosquis, ese sí es un premio con glamour. Hecho, guárdalos bien. :)

Jetlag-Man dijo...

Lo veo adecuado como vuestro nuevo hogar. Muy bonito todo.