miércoles, 27 de marzo de 2013

Cien años de camino tras "Las Hurdes" de Unamuno


Enredada su existencia en describir el cotidiano bregar del hombre, paradójicamente, Unamuno pareció sobrehumano. Por su capacidad para desde puertos pequeños, recorrer océanos, para desde la rutina y el método, desde ese ansia de cosas pequeñas, abarcar las grandes. Dueño de la lucidez más contundente, la de la facultad de describir puede que todo con apenas nada, con un par de líneas capaces de noquearte, de atravesarte. Esas máximas que pueblan todos los géneros que cultivó.

 Un hombre tan lejano en tiempo y talla  que siempre sentí cercano, que se viene cruzando en mi camino desde mi adolescencia, del que siempre entendí su voz. Por su visión política incómoda, por el continuo e íntimo cuestionamiento, por no plegarse a lo fácil, por saber decir a qué no y no tener tan claro a qué si, por ser un "casero" viajero, por su desapego a las capitales,  por ser su Salamanca mi Ciudad Rodrigo, por su ajetreada relación con la experiencia religiosa, por su duda, por su lucha interior. 

Se vuelve a cruzar en mi camino por otro motivo. Sabía de un viaje a Las Hurdes;  poco más. Gracias  a que en 2013 se cumple su centenario, el Centro de Documentación de Las Hurdes organizó en Pinofranqueado una jornada para revisar con detalle el periplo del autor y aproximarse a su figura desde un punto de vista familiar. 

Dejo ahí esa ventana al interior de una casa de Salamanca. Asistir como testigo a íntimas escenas familiares, aunque no puedo negar que me estimule, me hacen sentir un espectador extraño, no sé si hasta legítimo. Voy con el viaje.

En 1913, con un guía privilegiado, Maurice Legendre, autor de los más ajustados estudios sobre la vida en Las Hurdes, Unamuno se adentra en una región entre legendaria y maldita para conocer la verdad. No le bastan opiniones apresuradas, no le basta el lugar común de leyendas sobre desdichados y salvajes. Y efectivamente, donde otros ven miseria, él ve dignidad, donde otros ven dolor, él coraje, donde otros ven vergüenza, él ve el "honor de España" que decía su compañero francés, donde otros sienten compasión, él   admiración. 

Viaja a las Hurdes para  reivindicar la verdad frente a un pasado que encerró a estas gentes en la reserva más difícil de desmontar, la inventada. Incluso para reivindicar la verdad frente al futuro de visitas ilustres de pequeños Grandes de España como Alfonso XIII, o grandes del arte como Buñuel, también culpables de borrones tramposos. No logrará sacudir la condena que tardará décadas en prescribir. Hoy es tiempo de reivindicar a los sinceros, a los pioneros que reivindicaron futuro para Las Hurdes. 

Como Unamuno, como el Catedrático de Geografía Eugenio García Zarza, último ponente de la tarde, apuesto por ese puente entre la Sierra de Francia, entre Batuecas y  Hurdes, entre Salamanca y Extremadura. Estoy tan enamorado de las piedras de mi ciudad, Ciudad Rodrigo, que me siento en deuda con unas calles y  paseos que me proporcionaron quietud y paz, que me consolaron cuando lo necesitaba hasta el punto de preguntarme cómo unas piedras muertas pueden obrar el milagro. También esa Sierra de Francia, habitual lugar de mis entrenamientos o paseos y mi Peña de Francia, un lugar tan especial para mí que hasta lo elegimos para casarnos en junio. 

Las Hurdes estaban al pie del balcón; no cabía otra a mis querencias mas que se despeñaran  Portillo abajo, haciendo parada en ese vergel fuera de lugar que es el Monasterio de Las Batuecas y siguieran su camino natural. Siguieran su camino a través de carreteras que  recorro a diario y que suplican a cada metro a mi al alma de caminante y montañero, detener el motor y sentir sus senderos abandonando el asfalto, a través de los verdaderos vasos comunicantes por los que mana el alma de la región de los cuatro valles. Cada camino una vena, cada alquería un latido. Imagínese el estupor del foráneo al escuchar que no hace tanto tiempo, Ministerios de despachos sellados a la realidad, barajaron la idea de parar ese corazón, de extirpar la vida de la región y destinarla al solaz del señorito.

"El paisaje es memoria" dice Julio LLamazares. Nunca lo será más que en una zona que se antojaba imposible de habitar, estéril e ingrata, tan difícil de de domar y donde se pagaba  precio a diario. "No hay vida donde no hay lucha", decía Don Miguel. Ese precio que además de regalarte la supervivencia,  ofrece la fortaleza del anacoreta, del que no se vende porque no necesita más, que ya venció a tantas plagas que no importa una más, la llames desamortización, repoblación forestal, golosa y segura renta al servicio del latifundista o la misma expulsión maquillada de expropiación. Pero cuando se pagan esos precios, no existe cantidad que abarque la palabra indeminización. El testimonio de una victoria, "Ni los holandeses contra el mar".

Y Unamuno lo puede entender mejor que nadie porque acaso su obra no verse más que sobre lo que cuesta ser hombre. Aquí y allí, a ti y a mi, porque aquí o en Chipre se sigue malcontando monedas y maldiciendo el precio de la aceituna que no deja de bajar, porque Aristóteles decía que el Mediterráneo es un charco de ranas y si hubiera sabido del mundo entero, también lo creería diminuto porque al fin, en todos los sitios duele ser. "El dolor es la sustancia de la vida y la raíz de la personalidad, pues solo sufriendo se es persona"

Planteaba Eugenio Zarza la idea de revitalizar y poner en valor la ruta de Unamuno para uso senderista. Alguno sabéis de mi intención de diseñar un Ultratrail de las Hurdes. ¿No cabría mejor excusa? ¿No sería el mejor itinerario seguir las huellas que  a pie y en burro  recorrió aquel extraño grupo durante unos días de un caluroso mes de agosto de 1913? Un ultratrail es lucha continua contra el agotamiento y la distancia. Qué mejor escenario que un tierra conquistada a base de pundonor y lucha, la que  sirve para conquistar una vida, para ganar una meta. 

100 años de un viaje. Otro viaje en el tiempo que recorrieron una Notas de excursionista  para explicarme algo de lo que yo siento y no podía expresar. Algo que ahora parece fácil entender:

"Si en todas partes del mundo, el hombre es hijo de la tierra, en Las Hurdes la tierra es hija de los hombres"