sábado, 20 de diciembre de 2014

La voz de Sefarad



Cuando la música es mucho más. Un disco no solo a apreciar por lo hermoso que es, que lo es, sino por su indudable valor histórico además de otro más intangible, el sentimental o humano. Acompañados de esa lengua que nos resulta familiar pero distinta, la que conservaron los judíos cuando fueron expulsados en 1492, también se llevaron una música que se mezcló con la de raíces árabes. Canciones que cuentan sobre escenas íntimas, familiares, canciones de bodas, de amor, nanas, todo aquello que fue roto por algo ajeno y todopoderoso, esos decretos que brotan unos palmos por encima de nuestras cabezas, del tejado de nuestros cálidos hogares, esos decretos que en distintas formas, hoy, quinientos años después, siguen obligando. Porque hoy continúa la diáspora, el desarraigo, la trágica negación de la identidad, porque en demasiadas fronteras hoy se sigue llorando, invocando un Sefarad. Al final, solo queda conservar la patria verdadera, la que sabemos solo es lengua y cultura, mas sigue doliendo. Al final, solo la obstinación de un propósito de regreso, el poético gesto de lo inútil, el de conservar la llave de generación en generación de nuestra casa en Sefarad.