martes, 24 de agosto de 2010

Maratón del Boedo, un toque de atención

Crónica del Boedo. Últimamente, entre unas cosas y otras, ando liado y apenas tengo tiempo ni para escribir, ni para leeros. Vamos a ello. Demasiadas buenas sensaciones en los últimos tiempos. Marchaba convencido en exceso de que la carrera me iba a salir bien o muy bien. Sin embargo, algo se torció por el camino, no sé muy bien por qué.

El día antes decía que lo único que firmaba era 3:05. Hace un par de años aquí hice 3:10, después del fiasco de Roth y tras una periodo de descanso absoluto de casi un mes. Las virtudes del descanso son un gran misterio. Esta vez llegaba con buenas sensaciones en carreras que realmente no tienen mucho que ver con maratón de ruta, pero mi mejor arma siempre será la cabeza. Para un atleta de fondo casi siempre ocurre así.

La mayoría ya sabéis de las peculiaridades de los dos maratones que organiza Gabriel, Aguilar de Campoo y Boedo. Pruebas donde corremos alrededor de cincuenta personas en un ambiente familiar, para mí pleno de un encanto especial que nunca podré encontrar en pruebas más grandes. Aquí te tratan a cuerpo de rey. Te inscribes con una llamada de un minuto. Te olvidas de líos de pagos y complicadas inscripciones. La carrera se disputa en un pueblecito de Palencia, Bascones de Ojeda. Acampas junto a un pequeño río de frías aguas en el que bañarse después de la carrera, es mano de santo. Una buena bolsa del corredor y paella para todos los participantes y acompañantes.

Crónica de la carrera en un párrafo. Primera media maratón según lo previsto. Voy segundo tras ¿Santi Allosa? Uno de los típicos en el mundo talibán del fondo y ultrafondo (corredor bajo y robusto que corre con un pañuelo pirata en la cabeza). Voy corriendo en tiempos de alrededor de 4:20 el km. en la zona de asfalto. Los kilómetros de pista con piedras - en su totalidad casi abarcan la mitad del recorrido-, un falso llano que pica hacia arriba y donde no están marcados los kilómetros, son más duros pero voy "fácil". Aunque cada vez más lejos, sigo viendo al primero. En el km. 17 me adelanta Teo de Leganés, otro de los clásicos -espigado corredor con gafas y peculiar coleta-. Yo sigo en los mismos tiempos. Es él el que ha apretado. Poco antes de la media, me adelanta Antonio. No va muy fuerte pero no puedo seguirlo. Al encarar por segunda vez la pista, ya veo que estoy perdiendo chispa. Debí pasar la media en alrededor de 1:35. Tal vez me di por vencido de antemano. Vi que no podía mantener el mismo ritmo y decidí seguir hasta meta "con lo puesto". No queda otra. Es como si hubiera perdido estímulos al difuminarse el ambicioso objetivo. LLego al pueblo y me apresto para la última y temible vuelta de catorce kilómetros. El tramo de asfalto voy con el piloto automático. Me parece increíble que nadie me alcance. En la pista echo de menos que alguien llegue para charlar un rato o que me motive a tratar de engancharme a un tren más rápido. Se conoce que el colchón que gané en la primera vuelta, es difícil de dilapidar. Esto es el Boedo. La soledad del corredor de fondo en esencia. Hasta que consigo ver el pueblo, no veo a nadie, ningún atleta ni delante, ni detrás. Sin público. Sólo escuchas tus pasos sobre la tierra y el cansino ritmo de tu respiración mientras el sol empieza a romper la tregua. Al final, el maratón, tanto los kilómetros buenos como los malos, como la vida misma, pasa rápido. Me planto en la meta con un tiempo de 3:28 después de una desastrosa segunda media maratón en un bonito cuarto puesto. Entro en meta contento. Siempre lo digo pero es verdad. Acabar un "largo", hacer un "larga" siempre es una victoria. El día que deje de pensarlo, me retiro.

Como datos curiosos, hacía mucho que no corría un maratón sin medias de compresión y sí noté los gemelos más deteriorados de lo habitual después de la prueba. No creo que vuelva a prescindir de ellas. Otra curiosidad: perdí peso. Me lo noté en las piernas el domingo y lo confirmé el lunes en la báscula. Hay que ir con cuidado estas últimas semanas antes del gran reto. Tengo que consevar reservas para la gran paliza. Seguimos con ilusión y después de tantos años, todavía aprendiendo.

Posibles causas del alarmante descenso en el rendimiento de la segunda media:

a. No desayuné nada. Me levanté medio empachado del día anterior. No tenía ganas de comer. Es la primera vez que corro un maratón sin desayunar absolutamente nada.

b. Cambio del recorrido. Es diferente al que corrí hace dos años. Aparte de que como confirmaron varios corredores con GPS, hicimos casi un kilómetro más, las "tres pistas" te van machacando sin prisa pero sin pausa. En general los tiempos se resintieron -quinto un tipo con quince horas en la Hiru Haundiak- y la gente entraba tocada. Yo tenía aquí 3:10, séptimo puesto.

c. El calor. No sufrimos los excesos de la media maratón del sábado por la tarde pero el final se hizo duro.

d. Soledad. Hace dos años hice la prueba entera charlando, en compañía de un tal Ricardo Abad. Entonces no lo conocía nadie. Nos contó que estaba inmerso en el reto de hacer 30 maratones en 30 días. ¡Vaya locura! Muchos ya sabéis que ha conseguido hacer ¡150 maratones consecutivas! Este año he corrido el maratón entero en solitario. Es duro pero curte. Me gusta.

Dejo lo mejor para el final. El sábado por la tarde conocí a otro bloguero al que "le tenía ganas". Santi aka Crusti, acompañado del achuchable Jorge. En cuanto llegué, Jorge se me vino para acá con un regalo. Gracias por el libro, amigo. Ya te contaré. Conversaciones atropelladas en menos de una hora que demandan continuación y que aplazamos para otra ocasión, ¿en esa visita a Ciudad Rodrigo? Como siempre, un gran placer ir conociendo blogueros. Sois aún mejor gente de lo que parecéis y eso es decir mucho. Sí me sorprendió que, como antiguo jugador de waterpolo de élite, era muy grandote. Para ese próximo Triatlón de Barcelona, ya tiene aprobada la asignatura más complicada en todo debut, la de la natación.

También estuve con Yonhey, al que conocía de la Media de Ciudad Rodrigo y al que probablemente encuentre muchas veces en esas carreras de Dios. Buen grupo de gente sana forman todos estos "madrileños". Aquí posando con el trofeo de estética soviética que nos regaló este año Gabriel. Arriba tenéis la foto de algunos de los participantes donde se aprecia el buen ambiente del grupo de amigos. A pesar de que hubiera subido al podio, no pude quedarme porque había quedado para comer en Salamanca. Tanto trofeo cansa :). Ya sabéis, lo suyo es elegir carreras de menos de cien personas. Sobre todo sentí no poder quedarme a comer la paella en compañía de los participantes y organizadores de esta bendita locura. Nos vemos el próximo año, Gabriel. Sin duda. Gracias, dagal.

Cuando llegué el sábado por la tarde, estaba terminando la media maratón. La música de meta era un recopilatorio de coplas y pasodobles. Con un par. Una banda sonora ideal para la castiza prueba. "Suspiros de España" no la escuché pero es mi pasodoble favorito. Una hermosa canción. Os la dejo en la versión del Cigala. También el fragmento en "Soldados de Salamina", una gran película de David Trueba, basada en un libro aún más grande de Javier Cercas. La Guerra Civil está a punto de terminar, unos abandonan España en su marcha al exilio, otros la abandonan porque serán fusilados. En esos momentos, estas canciones deben hacer daño de verdad.
"¡¡YO SOY ESPARTACO!!"









11 comentarios:

afcavasco dijo...

este é un maratón que cogió mi simpatía hace ya unos 5 años, precisamente por tener pocos participantes y porque se adivina la simpatía de quien recibe y lo organiza, aún no tocó pero está en mis planes, te felicito por tu prestacion,
abrazo

Michel dijo...

Bah, de nuevo impresionante, no quiero hacerme una idea de lo que es correr un maratón en solitario.
Estaba convecido de que quedabas entre los cinco primeros y no me equivoqué.

Hombre, estuviste con Yonhey, buen tio, si señor, después de Ciudad Rodrigo corrí con el en Cuenca y espero volver a repetir.

Yo no creo que ahora mismo esté capacitado para correr este maratón, no me veo solo por esos caminos, mejor en una grupeta tipo Sevilla o algo así. Pero me quito el sombrero ante el organizador y ante los que lo corren.

Bueno, no te aburro más, enhorabuena y ya queda menos para el gran reto del que como no podía ser menos estaré pendiente.

Un abrazo, dagal.

Popi dijo...

Sólo tengo que rebajar mi mejor tiempo en siete minutos y nos la jugamos al sprint :).

Muy buenas la últimas entradas. No creas que dejo de leerte.

Un abrazo mozooooooo, reciooo

Furacán dijo...

El que dices del pañuelo pirata es Santos Llamosas, un crack que encadena maratones semana tras semana.
Enhorabuena por la medalla de chocolate!

Alicia Tantata Chan dijo...

Niñooo!!! Hay que desayunar, omeee... Que es la comida más importante del día, y más en esas condiciones!!

Qué guapete es el canijo de Krusti, pa comérselo con papas!

La peli y el libro, para la lista de mi larga espera, jeje.

Caxaira dijo...

Has comentado perfectamente vario de los factores que influyen en el rendimiento de un corredor de fondo y más si no anda muy fino,como son la compañia,el no comer,los ánimos y el calor. No obstante tampoco hiciste mal tiempo teniendo en cuenta el kilometro de más "malditos gps,chivatos que nos comen la moral" según nos convenga claro.
Buena convivencia no obstante.
Felicidades.

Triatlòn Nazareno dijo...

ostias esos tiempos los quisiera yo para mi ,joer pedazo de blog hasta con caxaira de comentarista
saludosssssss

Atalanta dijo...

Gracias, Agostinho. Seguro que coincidimos allí algún año.

Miguel, gracias. El puesto fue bueno. El tiempo no, más que nada por el hundimiento en la segunda media pero de todas formas fue un gran entrenamiento físico y de coco. Si vas a Sevilla, coincidiremos de nuevo.

Popi, gracias, hombre. Soy un buen sprinter pero el domingo no acabé para ganarle a nadie. Ya sé que me lees pero me gustaría leeros a vosotros. Esos festivales...esos Raveonettes.

Furacán, gracias. Está bien eso de ir delante aunque sea porque hay poca gente. Ya decía yo que no era el nombre correcto. Un clásico, tiene pinta de rocoso. Los dos primeros corrieron la media el sábado por la tarde. Con eso te lo digo todo.

Alicia, si es que tanto arroz en tu casa me dejó ya medio empachado. Tú tuviste la culpa..:) Jorge muy gracioso, en cuanto me vio, para acá se vino con el libro. Éste va a ser tan listo como el padre. Ya te dejaré el libro.

Caxaira, al maratón siempre hay que tenerle respeto y cuando la cosa se tuerce -nada raro, por cierto-, ya no te enderezas.

Nazareno, son las expectativas que nos creamos las que nos dan el palo. Este blog se construye entre todos. Vosotros lo hacéis bueno.

yonhey dijo...

Encantado de haberte visto por allí Atalanta. La verdad es que tiene un mérito enorme correr esa carrera, si un maratón ya de por sí se correr con las piernas y la cabeza sobre todo, en ese la dosis de coco debe ser aún mayor.
Espero llegases bien a comer a Salamanca, nosotros le hicimos buenos honores a la paella. Por cierto, mándame si puedes esa foto nuestra por mail (yonhey@gmail.com)
Lo de los pasodobles pegaba bien en el pueblo de fiesta, a mí me gusta mucho la campanera, debe de ser por los recuerdos de bailes con mozas en mis tiempos, pero no lo oí o no estaba atento.
Salu2

El crusti dijo...

Yonhey seguro que tu has bailado con mozas alguna vez??? Jejejeje
Atalanta, un placer. Corto pero intenso.
Y no te cabrees, esta carrera es así de especial. No es dura físicamente pero sí psicológicamente. Y como dice Caxaira, mucho peor desde el maldito invento del gps.
Un abrazo y hasta pronto,

Santi

Atalanta dijo...

Yonhey, anímate un año al largo. Es especial. Bastante teníais vosotros con esa media a las seis de la tarde a casi cuarenta grados, como para fijarte en los pasodobles. Pena me dio la paella. Para otra ocasión. Nos vemos.

Crusti, el gusto es mío. No, no me cabreo. Después de un maratón yo siempre estoy contento, aunque algunas veces más que otras.