viernes, 13 de septiembre de 2013

Terturlia: "El libro de los abrazos"


Alguna vez he utilizado algún fragmento suyo para el blog, he escuchado alguna entrevista que me gustó mucho, estoy convencido de que probablemente coincidiría con él en la mayoría de sus planteamientos vitales, pero el libro de Eduardo Galeano me ha gustado más bien poco.

Me ocurrió desde el principio, no me encontraba cómodo y lo cierto es que me costaba continuar. Tal vez vengo de terrenos más áridos, tal vez se me pasó la edad; porque estoy convencido que hace unos años, lo hubiera disfrutado. Puede que solo sea que con los años me volví  más exigente o gruñón. Puede que sea simplemente esa sensación de andar regateando tiempo lo que me obliga a ir a tiro fijo, a no arriesgar demasiado en las apuestas que me hagan perder tiempo en naderías. Sé que a muchos os gusta Galeano pero  sobre todo al inicio del libro, la frontera entro lo bonito y lo fácil o ñoño o lo simplemente bobo, se me hacía demasiado difusa. Por no hablar de ciertos aires que me llevaban a Bucay o Coelho, para mí tema ya innegociable.

En fin, tratemos de ser positivo, y quedémonos con lo que me gustó como algunas imágenes de gran delicadeza y de muchos kilates. Sí, hay que reconocerlo, a veces escribe realmente bonito.

Me quedo con el fondo, con todos los problemas y lacras con cuya denuncia, no me queda  más que estar de acuerdo. Sobrevuela la llamada, el toque de atención, el compromiso en los grandes temas que  pudren la sociedad capitalista, la sociedad sudamericana en particular.

La llamada a la sencillez, a comportarnos de una forma más simple, y en fin, más libre; a alejarnos de toda esa presión que ejercen sobre nosotros las religiones institucionalizadas, el Estado a través de una burocracia y normativa en tantos casos sobredimensionada, la misma familia, los medios como intérpretes de  una cultura del espectáculo, en los que viene a ser más importante la representación que el mismo hecho ("hazañas" de Buffalo Bill). Una llamada a elegir el arte o el lenguaje, el simple amor a las palabras, no estar callado, la amistad, o el amor sincero como únicas salidas.

Lo que más  me gusta del libro, que en cierto sentido lo emparenta con "El olvido que seremos" de Fabiolince, es el retrato de una Sudamérica oprimida, con las taras arrastradas del pasado, como la esclavitud, el exterminio o la marginación del indio. Una Sudamérica traspasada de parte a parte por el fascismo de las dictaduras y sus consecuencias; todo el dolor que generaron, inseparable de la muerte, el exilio y desarraigo o la tortura. El foco sobre esa tortura como súmmum de lo indigno y  denigrante, que siempre es pie para la reflexión y el desaliento.

En conclusión, puede que esté de acuerdo en el fondo pero su forma de contar, en líneas generales, no me convence. Pero supongo que es simple cuestión de gustos. A él le va bien y cada día llega a más gente. Doy por válido el tiempo empleado y ya tengo suficientes elementos de juicio para opinar sobre Galeano.

"Al sur la represión, al norte la depresión"
"Que la política sea democrática mientras la economía no lo sea"
"La violencia y el hambre no pertenecen a la historia sino a la naturaleza"
La felicidad perfecta sería la desmemoria. "Yo no la quiero"
"La ciudad de Armero murió de civilización"
"Los indios, culpables de ser incapaces de propiedad privada"
"Educar es descuartizar"
"Doble moral. Una moral para decir, otra moral para hacer. La moral para hacer se llama realismo"

Ayer tocó Springsteen por primera vez en Chile y cantó "Manifiesto" de Víctor Jara.  A cuenta del cuarenta aniversario del asesinato de Allende, debe doler tanto escuchar esas voces qué aún defienden a un hijo de la gran puta, responsable de decenas de miles de personas torturadas, como un simple mal necesario.

Próxima propuesta: "Desobediencia civil" del peculiar Thoreau, un pequeño ensayo de gran influencia histórica.