sábado, 1 de noviembre de 2014

La España del XVII


Enlazando con la España del XVI de "El coloquio de los perros", pasamos a la del XVII. Memorial a Felipe IV, cuya atribución a Quevedo parece ser muy discutible. Como ayer contaba, hay  males y quejas que parecen congénitos e incurables. Basta atender a las noticias nuestras de cada día.

Memorial a su Majestad el Rey Don Felipe IV

"Católica, sacra, real Majestad,
que Dios en la tierra os hizo deidad:
un anciano pobre, sencillo y honrado
humilde os invoca y os habla postrado.
Diré lo que es justo, y le pido al Cielo
que así me suceda cual fuere mi celo.
Ministro tenéis de sangre y valor,
que sólo pretende que reinéis, señor,
y que un memorial de piedades lleno
queráis despacharle con lealtad de bueno.
La corte, que es franca, paga en nuestros días
más pechos y cargas que las behetrías.
Aun aquí lloramos con tristes gemidos,
sin llegar las quejas a vuestros oídos.
Mal oiréis, señor, gemidos y queja
de entrambas Castillas, la Nueva y la Vieja.
Alargad los ojos al Andalucía:
sin zapatos anda, si un tiempo lucía.
Si aquí viene el oro, y todo no vale,
¿qué será en los pueblos, de donde ello sale?
La arroba menguada de zupia y de hez
paga nueve reales, y el aceite diez;
ocho los borregos por cada cabeza,
y las demás reses a rata por pieza.
Hoy viven los peces o mueren de risa;
que no hay quien los pesque por la grande sisa.
En cuanto Dios cría, sin lo que se inventa,
demás que ello vale, se paga la renta.
A cien reyes juntos nunca ha tributado
España las sumas que a vuestro reinado.
Ya el pueblo doliente llega a recelar
no le echen gabela sobre el respirar.
Aunque el cielo frutos inmensos envía,
le infama de estéril vuestra carestía.
El honrado, pobre y buen caballero
si enferma no alcanza a pan y carnero.
Perdieron su esfuerzo pechos españoles,
porque se mantienen de tronchos de coles.
Si el despedazarnos acaso barrunta
que valdrá dinero, lo admite la junta.
Familias sin pan y viudas sin tocas
esperan hambrientas y mudas sus bocas.
Ved que los pobretes, solos y escondidos,
callando os invocan con mil alaridos.
Todos somos hijos que Dios os encarga;
no es bien que, cual bestias, nos mate la carga.
Si guerras se alegan y gastos terribles,
las justas piedades son las invencibles.
No hay riesgo que abone jamás en batalla
trinchar los vasallos para sustentalla.
Demás que lo errado de algunas quimeras,
llamó a los franceses a nuestras fronteras.
El quitarle Mantua a quien la heredaba
comenzó la guerra que nunca se acaba.
Azares, anuncios, incendios, fracasos
os pronosticaron infelices casos.
Todas son desdichas después que heredaste;
huíste la paz, la guerra compraste.
Más culpa fué vuestra que de los privados,
que a errar comenzaron por vuestros pecados.
Pero ya que hay gastos en Italia y Flandes,
cesen los de casa superfluos y grandes,
y no con la sangre de mí y de mis hijos
abunden estanques para regocijos.
Plazas de madera costaron millones,
quitando a los templos vigas y tablones.
Crecen los palacios, ciento en cada cerro,
y el gran San Isidro, ni ermita, ni entierro.
Madrid a los pobres pide mendigante,
y en gastos perdidos es Roma triunfante.
Al labrador triste le venden su arado
y os labran de hierro un balcón dorado.
Y con lo que cuesta la tela de caza,
pudiera enviarse socorro a una plaza.
Si es lícito a un rey holgarse y gastar,
conciencia y justicia, medirse y pagar.
Piedras excusadas con tantas labores
no os labrarán templos de eternos honores.
Nunca tales gastos son migajas pocas,
porque se las quitan muchos de las bocas.
No es bien que en mil galas la púrpura sobre,
si toda es teñida con sangre del pobre.
Ni en provecho os entran, ni son agradables
faustos que los lloran tantos miserables.
¿Qué honor, qué edificios, qué fiesta, qué sala
como un reino alegre que os cante la gala?
Más adorna a un rey su pueblo abundante
que vestirse al tope de fino diamante.
Si el rey es cabeza del reino, mal pudo
lucir la cabeza de un cuerpo desnudo.
Aun dolieran menos las cargas enormes
si fueran iguales, pero son disformes.
Muere la milicia de hambre en la costa;
vive la malicia de ayuda de costa.
Gana la victoria quien peleó arriesgado;
brindan con el premio al que está sentado.
Un ministro en paz se come de gajes
más que en guerra pueden gastar cien linajes.
Venden ratoneras los extranjerillos,
y en España compran horcas y cuchillos.
Y porque con logro os prestan seis reales
nos mandan y rigen nuestros tribunales.
Honrad a españoles chapados, macizos;
no así nos prefieran los advenedizos.
Con los medios juros del vasallo aumenta
el que es de Ginebra gran parte de renta.
Más de mil nos cuesta el daros quinientos;
lo demás nos hurtan para los asientos.
Los que tienen puestos, lo caro encarecen,
y los otros plañen, revientan, perecen.
No es buena grandeza hollar al menor,
que del polluelo tierno Dios es el tutor.
En vano el agosto nos colma de espigas,
si más lo almacenan logreros que hormigas.
Cebada que sobra los años mejores
de nuevo la encierran los revendedores.
El vulgo es sin rienda ladrón y homicida;
burla del castigo, da coz a la vida.
“¿Qué importa mil horcas, dice alguna vez,
si es muerte más fiera hambre y desnudez?”
Los ricos repiten por mayores modos:
“Ya todo se acaba, pues hurtemos todos”.
Perpetuos se venden oficios, gobiernos,
que es dar a los pueblos verdugos eternos.
Compran nuestras villas el grande, el pequeño,
rabian los vasallos de perderos dueño.
En vegas de pasto realengo vendido,
ya todo el ganado se da por perdido.
Si a España pisáis apenas os muestra
tierra que ya pueda decirse que es vuestra.
Así en mil arbitrios se enriquece el rico;
y todo lo paga el pobre y el chico.
Sin duda el demonio, astuto y benigno,
aquel que por nombre llaman Peregrino
al Conde le dijo, -favorable y plácido,
cuándo su Excelencia oraba en San Plácido:
“Si es que conservarte pretendes con maña,
tu suerte consiste en perder a España.
“Yo te ayudaré en cuanto pudiere,
y en cuanto el señor licencia me diere.
“Del Rey los vasallos compiten tú puesto
destruye, aniquila y acábalo presto.
“Los de la corona mayores contrarios
serán la disculpa para tus erarios.
“Que si acaban éstos con la Monarquía,
morirá también quien te perseguía.
“Mejor libra en guerra el que es prisionero
que no el sentenciado por el juez severo.
“Haz un gallinero con que a España afrentes,
sea de pueblos ruina, risa de las gentes.
“Si loco te notan, estímalo en poco;
que ya espiritado lo menos es loco.
“De nada hagas caso por más gritos que oyas,
sino de tus gustos, fiestas y tramoyas”.
Esto dijo el diablo al conde Guzmán,
y el Conde prosigue como don Julián.
Ya, señor, no puede España con tanto,
apiadaos della, Dios os haga santo.
Consentir no pueden las leyes reales
pechos más injustos que los desiguales.
Ved tantas miserias; yo las he cifrado,
temiendo las costas del papel sellado.
Si en algo he excedido, merezco perdones:
dolor tan del alma no afecta razones.
Servicios son grandes las verdades ciertas,
las falsas lisonjas son flechas cubiertas.
Estímanse lenguas que alaban el crimen,
honran al que pierde y al que vence oprimen.
Las palabras vuestras son la honra mayor,
y aun si fueran muchas perdieran valor.
El que por la guerra pretende alabanza,
con sangre enemiga la escribe en su lanza.
Del mérito propio sale el resplandor
y no de la tinta del adulador.
La fama, ella misma, si es digna, se canta:
no busca en su ayuda algazara tanta.
Contra lo que vemos quieren proponernos
que son paraíso los mismos infiernos.
Las plumas compradas a Dios jurarán
que el palo es regalo y las piedras pan.
Vuestro es el remedio; ponedle, señor;
así Dios os haga de grande, mayor.
Grande sois, Felipe, a manera de hoyo;
ved esto que digo en razón de apoyo:
quien más quita al hoyo, más grande le hace;
mirad quien lo ordena, veréis a quien place.
Porque lo demás todo es cumplimiento
de gente civil que vive del viento.
Y así de estas honras nunca hagáis caudal:
mas honrad al vuestro, que es lo principal."