viernes, 14 de noviembre de 2014

Himno a la juventud condenada


Wilfred Owen, soldado inglés y aunque parezca imposible, poeta en la guerra.

Cambiamos la preposición; ahora sí es más ajustado el retrato: Wilfred Owen, poeta de la guerra, de una de las peores. Muerto en combate una semana antes del fin de la Primera Guerra Mundial.

HIMNO A LA JUVENTUD CONDENADA

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.