jueves, 7 de octubre de 2010

Sentado en la orilla


Creí que este fin de semana sería el último en el que todavía nos podríamos bañar. Me da que no va a poder ser. Nos conformaremos con el pasado viernes, uno de octubre. Al fin y al cabo no está mal. Los que me conocéis ya sabéis de mi pasión por mi río. Aquí os dejo un artículo que publiqué en una página de Ciudad Rodrigo y que guardaba para el último día de baño de este año, antes de que finalmente nos derrote el largo invierno. Hay referencias que ya utilicé en algún texto primerizo del blog.

"Sentado en la orilla"

“Sentado en en el muelle de la bahía….”, cantaba su majestad Otis Redding, sentado en la orilla del río dibujo el esbozo mental de este texto; admirando las miles de luces titilantes sobre su rostro, la luz filtrada por los árboles de la ribera, sintiendo la suave caricia de la brisa en mi cuerpo húmedo, con la agradable sensación de la calma recuperada tras la escasa natación, pienso en todos los comienzos de verano de mi vida en Ciudad Rodrigo.

Llega Junio, llega el verano y comenzamos a bajar de nuevo a la Pesquera, a nuestro río. Aunque durante el inverno y la primavera, el reconfortante paseo junto a sus orillas calme la comezón, no es hasta la llegada de la luz cuando nos paramos a dialogar de nuevo con nuestro viejo conocido. Como ocurre con los verdaderos amigos, aquéllos a los que la vida lleva lejos y que sólo vuelven junto a ti durante unos días al año y que sin embargo siempre reconoces cercanos, así nos pasa a algunos con nuestro Águeda.

En “Roma”, la película de Adolfo Aristarain, el padre del protagonista niño le cuenta a éste como al río se va a contar las penas, las tristezas, para que se lleve lejos todo lo que nos hace mal. Siempre me ha gustado esa imagen. Desde crío, mi río me ha escuchado contarle penas, aunque afortunadamente en más ocasiones, ha sido testigo de mis besos o de mis risas en conversaciones nocturnas memorables

Heráclito decía que nunca te bañas dos veces en el mismo río. Las verdades más grandes son las más simples. También es cierto que quizá no somos dos instantes la misma persona. Todas las experiencias que acumulamos, todo lo que perdemos por el camino, nos arrastra en cambio permanente. Nuestro río también cambia sin detenerse jamás. Está vivo y es travieso. Este invierno nos mostró su rostro más salvaje y asilvestrado. Más tarde se amansa y como cada primavera, aunque se intuye poderoso, se muestra tranquilo y ocioso, acogiendo vida en su vientre, reventando vida en sus márgenes.

Siguiendo este paralelismo, pocas metáforas más añejas y acertadas que la de identificación de vida y río. Ya contaba Jorge Manrique:

“Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar en la mar,
qu´es el morir;”


Soy atleta de fondo, siempre a la búsqueda de los límites, rastreando qué hay más allá de la fatiga y el dolor. Muchos kilómetros de batidas y jadeos entre esos refrescantes brazos que te acogen, te empujan o te lastran; brazos en los que puedes a llegar sentir su alma o hasta ver su sonrisa.

Definición de diccionario básica para Miróbriga: emplazamiento privilegiado, zona elevada junto a río de caudal abundante durante todo el año. Los primeros pobladores, cientos de años ha, eligieron el lugar idóneo. Es una lástima que muchos de los vecinos actuales de Ciudad Rodrigo no valoren como aquéllos nuestro entorno. De igual manera, cada año reclamamos a nuestras instituciones que lo cuiden con más mimo, que le dediquen esas mínimas atenciones que demanda cada año para lucir tal como es, apuesto y arrogante galán provinciano.

Mis meses predilectos son Junio y sobre todo Septiembre, cuando ya no hay lugar para las aglomeraciones estivales y el silencio gana la partida a los gritos de los niños; es entonces cuando puedes volver a escuchar claro su canto. Cierras los ojos para apenas escapar de la luz y oyes el familiar coro de sus múltiples voces. Ése que han escuchado tantas generaciones a lo largo de la Historia. Nosotros envejeceremos y marcharemos y él seguirá ahí, tan lozano y rebelde como siempre. En nuestra responsabilidad la de intentar que nuestros herederos sigan estando agradecidos al mirobrigense más antiguo.

Cantaba Otis Redding:

“Aquí sentado, descansando mis huesos
Y esta soledad que no me quiere dejar solo
Dos mil millas he recorrido
Sólo para hacer de este muelle mi hogar
Ahora simplemente voy a sentarme en el muelle de la bahía…”

Yo no estoy en San Francisco, estoy en Ciudad Rodrigo. Sin embargo ayer mismo percibí con claridad tus sentimientos aquella mañana, amigo.

13 comentarios:

Xocas dijo...

No sabes como me identifico con tus palabras. Ahora vivo en Vigo y ya no disfruto del río como cuando era chaval, pero los sentimientos permanecen (como si de un viejo amigo se tratase). El otro día paseando junto al Avia, olía el río y no podía evitar acordarme de las muchas veces que disfruté en él y junto a él (aquellos besos con la directora...). Este mismo verano, un día de calor, volví a bañarme en él y casi era el único. Curiosamente me acompañaba un "chico" de mi edad con sus hijos. Mis hijas estaban en la piscina que hiceron ya hace años junto al río. Hacían como casi toda la chavalada de Ribadavia, el agua está muy fría. No saben lo que se pierden. Gran post, de verdad.

Johnny Dibud dijo...

Joer, después de leer tu fabuloso post me he parado a pensar en tu ciudad (que conozco) y en tus referencias a Otis, Heraclito, Aristarain, Manrique, y he llegado a la conclusión de que ha sido estupendo leerlo. Salud.

Lou Rambler dijo...

Hola amigo, hermosa y erudita (como suele ser habitual) entrada. Donde yo crecí no hay ríos aunque a cambio estamos rodeados de mar y supongo que el sentimiento puede ser algo parecido. Lo máximo que he estadosin ver el mar son 2 años, y cuando lo volví a ver, aunque fuera en una costa completamente diferente a la mía sentí algo muy especial. Curiosamente ahora vivo rodeado de ríos, torrentes y riachuelos, en un lugar donde el sonido del agua fluyendo es constante. Seguro que cuando estás acostumbrado a ello es algo que se debe extrañar mucho cuando no lo tienes. Lo de bañarse, por lo menos por estos lares ya es otra historia...
Un abrazo.

Alicia Tantata Chan dijo...

Como tú dices, no soy de río, pero me estoy haciendo. De alguna manera es cierto que se busca el sonido, el aroma y el estado vivo del agua que fluye y la vida que contiene y que le rodea, pero yo lo aprendí a apreciar en el mar. Como tú dices, su orilla es testigo de lágrimas en soledad, de aplacamientos de rabia, de risas de amistad y expresiones de amor. En Menorca el mar era aquel amigo que nunca me fallaba y con quien más me gustaba estar. Día que no iba a verle, día perdido. Como el reírse.

Junto con mi Currito, el mar era lo que más eché de menos al venir a Salamanca, el contacto directo con lo natural que Menorca me ofrecía a pie de calle. El río es su sustituto, lo busco y me gusta, pero no es lo mismo. De primeras aquí está más lejos. Supongo que me iré haciendo a él, habrá que trabajar esa complicidad y forjar la amistad, y aumentará mi necesidad de visitarle.

Hermosas palabras, hermosos sentimientos y hermosa canción.

CiegoSabino dijo...

Venga, ahora voy yo a joder el tono poético con el toque "mundano": y sus meriendas y sus asados (que desgraciadamente ya no se permiten por un mal incendio si no recuerdo mal en Guadalajara) con sus consiguientes "cogorzas" o "cogorcillas" (que por ahí también hemos pasado casi todos, o no, jajaja) y sus vueltas a "la lameda" corriendo y desde que somos triatléticos sus nados arriba y abajo (¡quién nos lo iba a decir!).

Xocas, donde esté un río (y más si es de agua limpia y fría) que se quite la piscina.

artu dijo...

Preciosa entrada!

Este año no he bajado mucho, pero alguna mañana que he bajado estaba prácticamente solo y el darte un bañito tranquilamente es una sensación indescriptible porque consigue que te olvides de todo. Yo también me quedo con Junio y septiembre para disfrutarlo.

Por cierto, te he ganado porque el sábado me di el "último" baño de la temporada, allí estábamos Pepe y yo y me dijo que habías estado el día antes.

Atalanta dijo...

Xocas, gracias, hombre, ya veo que tú sí que lo entiendes de verdad. Ya de dagal, cuando vivía en Cullera, el Júcar era el lugar preferido para jugar porque te ofrecía muchas cosas. Ahora no necesito mucho. Estar solo, leyendo al sol es media vida.

Johnny, muchas gracias. Me alegro que lo hayas disfrutado. Te gustaría mi pueblo...:)

Lou, entiendo que la sensación debe ser parecida. Cuando voy al mar siempre me quedo emobobado y si estoy con la predisposición adecuada, me puedo quedar horas mirando sin pensar en nada. Es lógico que lo echaras de menos. Un día tienes que poner fotos de tu nuevo hogar. Ahora hasta con Nóbel. Andará revolucionado el país.

Alicia, yo es que el río de Salamanca no lo siento como propio. Si yo hubiera vivido en una isla, seguro que también estaría enamorado del mar. Quizá algún día. ¿Quién sabe?

CiegoSabino, vaya que sí, fietas...pero unas cuantas, y algunas de instituto muy bestias pero todas muy divertidas. Ahora ya somos gente medio sana y civilizada :)

Arturo, me alegro que te haya gustado. Es que los fanáticos del río sabemos que esos días que describes son los de verdad, aquellos en los que no quieres que llegue nadie, que es imposible estar mejor. Suelo asociar el final del verano con algún baño contigo como el año pasado después de Torrejoncillo. A ti también te gusta apurar. Pepe siempre está en el río. El gurú de la secta.

CiegoSabino dijo...

Arturo, Atalanta, os gano. Acabo de subir del río y me he pegado un bañito que me ha dejado muy a gustito.

He ido a correr a la Cañada, con una temperatrua ideal, y a la vuelta en vez de tirar para casa me fui al río. El agua está fresquita, pero menos que muchas otras veces, menos que a principio de verano.

Por cierto, si se mantiene la temperatura se puede seguir bajando estos días y pegarse un chapuzón, y eso que los del tiempo nos habían "amenazado" con el diluvio universal, han caído dos chaparrones fuertes, pero nada más.

Si te lo tengo que explicar... dijo...

Por algo somos Jaramugos, no? Cada año paso menos tiempo a su lado (¡Ay, aquellos años en los que todos los días del verano "anochecíamos" junto a él), y lo añoro igual desde el destierro capitalino, sobre todo porque aquí vivo a escasos metros del río, y sin embargo no es posible mezclarnos.Es un tema serio el de los ríos de nuestras ciudades, parece que nos alejemos de ellos, que los apartemos de nosotros y de nuestra vida, cuando hasta hace bien poco, los buscabamos a la hora de decidir el emplazamiento de cualquier núcleo de población. Viva el río!!!

Paco Montoro dijo...

Vivo en un pueblo con un río seco, y es muy triste verlo así.
Me gusta el agua, como a Tarkovski y añoro no ver un arroyo alegre, aunque el mar lo veo todos los días, que no es poco.

Paco dijo...

Yo solía bañarme en mi rio Tinto. Hace 40 años lo condenaron al utilizarlo como vertedero para una fábrica (la de mayor producción de España) de Celulosas. Ahora, hemos hecho análisis de sus aguas abundantes y no tienen oxígeno (es decir, ya no se pueden considerar aguas. Hicimos una asociación para recuperarlo (con la inocente esperanza de volver a bañarnos en él) pero... ya sabes. Al perder nuestro rio, hemos perdido la identidad del pueblo. Cada vez que escucho el tema de Otis o el de Springsteen me ataca la nostalgia y me puede la impotencia. Por cierto, se me olvidaba, magnífica entrada. Disfruta de tu rio, aunque sólo sea mirándolo. Saludos.

Paco dijo...

Mejor blog, Espartaco. PD: Mucha gente nos llama beatlemaníacos. Tú sí sabes la diferencia... Saludos.

Atalanta dijo...

CiegoSabino, todavía nos hemos bañado hoy, 12 de Octubre. No está mal. ¿Aguantará algún día más?

Ironmanu, me alegra verte por aquí de nuevo. Se te echa de menos. Lo del río en Salamanca es una pena aunque el pasado fin de seman estuvimos comiendo junto a las barcas con unas vistas de la catedral tremenda. Pero coño, hay una industria en Salamanca y jode el río. Eso, ¡¡Viva el río!! :)

Paco Montoro, ostras, ya te digo que el mar no es poco. Seguro que yo estaría enamorado y le hubiera escrito al mar. Oye, de Tarkovski sólo vi "Sacrificio" que se me hizo muy lenta. No sé si no estaba predispuesto. Raro, raro.

Paco, bienvenido. Ya te había visto por otros blogs. Gracias, hombre. La ventajas de vivir en una zona deprimida y despoblada donde no hay trabajo. Por lo menos la naturaleza permanece igual que hace cien años. A reivindicar nuestra ventajas.