miércoles, 1 de octubre de 2008

El niño con el pijama de rayas


Aprovechando que estrenan película sobre el libro que ha leído todo el mundo, toca rollo.
No es que sea yo muy de best-sellers. De algunos he salido espantado aunque es cierto que otros me han hecho pasar un buen rato y por ejemplo “Los Pilares de la Tierra” me enganchó sin remedio aunque no me atrevo por la continuación, “Un mundo sin fin”, por aquello de que segundas partes nunca fueron buenas (excepto "El Quijote" y "El Padrino", claro).
Pasan los años y la Segunda Guerra Mundial o el holocausto se siguen utilizando como fuente de inspiración inagotable para libros y películas que de forma directa o indirecta se fijan en una de las etapas más traumáticas de la historia de la humanidad.
Las miradas han sido múltiples. Tantos factores, tantas personas afectadas por esta locura dan para mucho. Sí es verdad que Roberto Begnini nos sorprendió con una nueva visión edulcorada y tramposa del holocausto en “La vida es bella”.
En “El niño con el pijama a rayas” sorprende el punto de vista. Probablemente en muchas ocasiones un personaje real (Ana Frank) o ficticio se había acercado al tema desde la óptica de un niño pero hay que reconocer que John Boyne, partiendo de la visión que un chaval de 8 años tiene de la locura que se está desarrollando alrededor de su vida, logra su objetivo plenamente. Esos pensamientos, esas dudas infantiles constituyen una crítica más eficaz, más dolorosa que cientos de fotos del horror a las que por desgracia nos hemos ido acostumbrando con el tiempo.
En un temprana etapa de mi vida, con alrededor de 15 años, un amigo, Txero, y yo nos dedicamos a devorar con voracidad libros sobre este periodo, convirtiéndonos en verdaderos eruditos sobre la materia. Es sorprendente que muchas de las cosas que se aprenden en ese periodo nunca se olvidan. En alguna ocasión les había hablado a mis amigos sobre Rudolf Höss, el comandante de Auschwitz, que sí vivió con su familia en el campo. Fue condenado a muerte en los Juicios de Nuremberg. Lo que resultaba curioso de este individuo era leer las memorias que redactó durante los meses que pasó en su celda hasta la ejecución de la sentencia, creo que en 1.948. De esos fragmentos no se desprende arrepentimiento o dolor por el mal causado antes de enfrenarse a la horca. Lo que sí se aprecia es cierto orgullo por haber sido capaz de cumplir con la ingente labor que se le había encomendado. Exhibe las soluciones técnicas que se le ocurrieron para ser capaz de eliminar y deshacerse de los cadáveres de miles de personas al día. En fin, la satisfacción del trabajo bien hecho.
Tema manido donde los haya, imposible no preguntarnos como Alemania, patria de Bach, de Goethe, un pueblo extremadamente culto y civilizado fue el desencadenante de esta barbarie.
Quizá todos deban y debamos acercarnos a este fenómeno desde la tierna, ingenua e inocente mente de un niño de ocho años.
La obra es de lectura muy rápida y amena que utiliza un lenguaje infantil. Soy partidario de que un libro como éste fuera de lectura obligada en escuelas o incluso institutos. Tal vez se estimulara a los chavales y se evitaran ciertas corrientes de pensamiento, siempre acechantes, en las que se frivoliza sobre estos temas, tan de moda a veces por la proliferación, del diferente, del extranjero… de la amenaza.

“La tierra temblando al paso de la muerte”

4 comentarios:

davidiego dijo...

Por los fragmentos de película que he visto esperando que empezase otra, creo que no me gusta su versión en pantalla grande. Que acaba con eso que se insinúa tan sutilmente en el libro para que cada cual haga lo que quiera y que la madre cambia de bando.

Espero que la segunda parte de tu historia IM sea mejor que la primera.

ATALANTA dijo...

A mi la peli no me llama mucho. No sé si la veré.
Seguro que mi próximo IM saldrá mejor. Ya me quité un peso de encima, ya crucé esa meta, aunque fuera hecho una cataplasma y muy contento, la verdad.
En el Ironcat trataré de acercarme a las doce horas. Tengo que ser menos cafre e intentar llevar algo parecido a un plan de entrenos.
Casi seguro que me apunto a Niza este mes. ¿Te da tiempo a recuperar en 40 días? ¿Mantienes las forma? Ahí sólo a terminar. ¿El circuito a pie es tan duro como el ciclista?

Humberto Cerezo dijo...

Vas al maratón?? Yo al final me tomé 3 semanas de descanso, y no está el horno para bollos.. jeje.
Ya me contarás qué tal. Un saludo

ATALANTA dijo...

Hola, Humberto. Para allá vamos 3 jaramugos. Una tentación al estar tan cerquita de casa. Yo tampoco he entrenado apenas. Me lo tomo como un entrenamiento largo. Por lo que he visto tampoco es una carrera de montaña pura. Hay mucha pista. Ya te contaré.