viernes, 7 de noviembre de 2008

Hiru Haundiak. La conquista de lo inútil

Aquí recupero la última crónica del foro jaramugo, de la era pre-blog. Otra de las citas clave del 2008. Para los que no los sepáis, la Hiru Haundiak es una carrera de 100 kms. que se celebra en junio cada dos años en las que se suben las tres montañas más altas de cada una de las provincias vascas, el Aizkorri, el Anboto y el Gorbea. Esta prueba es de las que le gustaría a Nacho.

“LA CONQUISTA DE LO INÚTIL”

“Ad astra per aspera”. Eso le iba contando yo al Ciego en el autobús que nos llevaba a la salida. A las estrellas por caminos duros. Le iba relatando que era el lema de la RAF, de la Real Fuerza Aérea Británica, de las misiones Apolo al espacio en los años sesenta. A lo más alto por caminos duros. Es una frase de Séneca, estoico de los comienzos del Imperio Romano. Bueno, los que me conocéis ya sabéis mi debilidad por todos esos temas. Y eso le venía yo contando al Ciego, que “aspera” en las inminentes horas que ya amenazaban íbamos a tener hasta hartar.
La carrera más bestia de mi vida y mira que llevo unos cuantas. Ahora mismo todavía me duele todo el cuerpo. Pero a pesar de todo tengo un gran recuerdo, creo que he controlado bien la carrera y he sido capaz de terminar, después de más de 20 horas subiendo y bajando montes con mucha fuerza. Para mí ha sido toda una aventura. Desde adolescente alucinado con las expediciones del XIX, con los marineros portugueses y españoles del XV y XVI, con los pioneros del alpinismo, con Shackelton, Scott, Lawrence, Admunsen, Cook… Ahora que ya no existe “lo desconocido”, para el hombre occidental aburrido de sus agobios laborales, de sus rutinas, para los que tenemos ese defecto de fábrica, ese “si te lo tengo que explicar, no lo vas a entender” que dice Ironmanu existen esas formas de aliviar esa comezón con sucedáneos donde llegas al límite, donde te enfrentas al dolor y al cansancio y donde se supone que más o menos está todo controlado y el riesgo no existe. Es el mismo mundo del triatlón de larga distancia.
Derrroche de energías y sin sentido con el único objetivo de mirar atrás y decir: “Lo hice”. Esa ya familiar y reconfortante sensación imposible de explicar. Como decía uno subiendo Aizkorri. ¿Acaso tenemos un ego desmedido? No lo creo. De sobra sé que esto no sirve de nada y sólo te ganas el respeto de gente que está igual o más “trastornao” que tú. Hace tiempo que procuro no exhibir ni hablar entre gente “normal” de estas locuras. En fin, a ver si alguien me convence alguna vez para irme de vacaciones a la playa a descansar.
Bueno y después de esta disertación pseudo filosófico-existencial ¿hablamos algo de la carrera?
Bastante más dura que la Transgrancanria. 4.900 metros de desnivel positivo. Eso es mucha tela. Muchas montañas.
Los 100 kms llanos de Mérida se me hicieron más duros mentalmente porque hay poco que ver. El itinerario de la Hiru está lleno de paisajes abrumadores. Si eres sensible a la belleza que la naturaleza te pude ofrecer y las montañas, te aseguro que estás en el sitio adecuado.
El ambiente, igual que en cualquier actividad deportiva que se organiza en Euskadi, es inmejorable. La participación, la organización, el ánimo del público. Además se crea una suerte de complicidad entre todos los participantes y siempre acabas charlando con unos y otros. Gracioso resulta el hecho de que te pasas el día oyendo euskera con pizcas de castellano como “¡Me cagüen Dios!”, “¡La hostia!” o “¡No te jode!”.
Una única pega. Sí hubiera estado bien que la organización nos hubiera dado un obsequio o recuerdo de la carrera: una medalla o un trofeíllo. No sólo la camiseta.
Hoy no hay una parte del cuerpo que no me duela; sin embargo estoy convencido de que lo volvería a hacer. Hombre, si es esta semana pues no, la verdad.

“HIRU HAUNDIAK “(“LOS TRES GRANDES”)

AIZKORRI. Se comienza a subir a las doce de la noche. Buena temperatura. Ascensión de poco más de 9 kms. Al principio mucha risa y broma, lo habitual. Nervios. La calma antes de la tormenta. Carretera y pista que pronto desaparece para dar lugar a unos caminejos donde entramos en contacto con el protagonista del día: el barro. Atasco monumental. Se sube en fila de a uno así que el ritmo es normal, sin agobios. Paro a mear y pierdo de vista a los jaramugos. A medida que vamos llegando arriba comienza a hacer frío. La subida debe ser bonita. He visto fotos de día, del Maratón de Aizkorri y merece la pena. No vemos nada. Oyes a la gente gritar el nombre de sus compañeros en la oscuridad para localizarse. Además, a medida que te acercas a la cumbre comienzas a escuchar las voces y gritos de apoyo de la gente que está en la cumbre. Es algo especial, mágico. Sé que Ironmanu va por delante pero creía que el Ciego estaba detrás. Paro arriba a esperarlo. Pasan diez minutos y no acaba de pasar. Me estoy quedando helado. Decido tirar para delante. La bajada es complicada. El barro unido a las lisas rocas hace que las caídas sean continuas. Yo consigo poner siempre las manos antes del golpe y voy salvando el pellejo. Si miras atrás te quedas fascinado por la serpiente de luces que recorre la ladera de la montaña. Por fin llegamos a una pista que te conduce a la zona de los molinos y donde se puede correr en los descensos. Aquí apago en frontal y me meto de lleno en un riachuelo que cruza el camino mojándome por completo los pies. Después vas ascendiendo, la niebla te va rodeando sin apenas radio de visión hasta que comienzas a oír un sonido extraño, rítmico, poderoso y fantasmal. Estamos pasando a los pies de los molinos de un parque eólico. Serán 9 kms de en compañía de los gigantes. Voy a buen ritmo y alcanzo a Ironmanu en el km. 30. Llegamos al avituallamiento. Llamo al Ciego pensando que somos unos perros, que lo hemos dejado tirado por ahí y me cuenta que ya esta adelante. El tío va lanzao.
La subida al Anboto

ANBOTO. Antes de llegar hay que subir otra montaña de la que no sé su nombre pero que a mí ya me parecía muy complicada. Me explican que el Anboto es un pico que asoma detrás. Ay madre. Después de coronar el primero y recorrer una ladera completamente embarrada a través de un bosque precioso, llegamos a una explanada donde surge el Anboto, una pirámide bella, imponente y amenazante. Me comentan que a un ritmo normal se sube en 45 minutos. No me lo creo. Parece imposible. El ascenso es complicado necesitando las manos continuamente. Me agarro a un grupo dos chicas y dos chicos con los que hemos marchado antes a toda castaña. Subimos a ritmo fuerte hasta que nos atascamos por el exceso de tráfico. Hay gente que lo pasa mal aquí por problemas con las alturas. Aquí es donde pillamos al Ciego. A pesar del parón (que aprovecho para fotos), llego arriba con 45 minutos. Tenemos el día claro y la vista desde lo alto es tremenda. El descenso se hace muy dificultoso por lo deslizante de las piedras. En los primeros metros incluso hay cuerdas para facilitar el tránsito. Bajando aquí me doy un buen hostión con heridas en piernas y brazos. Me llego a golpear la cabeza con una piedra pero afortunadamente ni siquiera me llega a hacer herida.Desde la base de Anboto hasta Otxandio, kilómetros de pistas embarradas. Km. 69. 15:00 horas. Comida y cambio de calzado. Aquí se retira mucha, mucha gente. Al final nos enteraríamos de que sólo llegó a meta un tercio de los participantes. Antes de las 16:00, subida al Gorbea, el último grande.

GORBEA. Me habían ido diciendo que era una subida más suave con algún trozo duro pero sin barro. Bueno, pues el Gorbea se me atragantó de mala manera, quizá porque no tienes referencias y te esperas menos. Eso en estos temas, siempre es un error. Al comienzo algo de carretera y pistas. Estoy cansado. Para mí la siesta es sagrada y depués de comer algo más de los normal (con una noche sin dormir) me entró sueño…Ya me explican qué es el Gorbea. Se vislumbra una cruz lejana a tomar por culo. Nos vamos acercando pero no lo acabo de verlo asequible. Atraviesas una montaña, campos llenos de agua, subida larga y pronunciada al Atxuri, una explanada donde llegas matado y descubres que el Gorbea sigue pareciendo inalcanzable. Mis compañeros me dicen “¡No lo mires, sigue adelante!”. Seguimos subiendo por porcentajes tremendos hasta que llegas completamente exhausto arriba. Vista imponente. Parece que desde aquí se ve Euskadi entera. Foto, masaje de pies, saludos entre jaramugos y para abajo. Los cuadriceps me arden. Cada paso del descenso es una tortura pero a medida que pasan los metros me voy calentando e intento ignorar los dolores de las plantas. Terminado el descenso propiamente dicho, seguimos por una zona de pistas, al principio muy embarrada hasta el final de carrera. Empiezo a correr un poco. No trotar. Trato de hacer el movimiento correctamente con zancada amplia. Llanos y descensos. Repechos andando muy deprisa. Progresivamente me voy animando. Para no aburrirme hay un momento en el que empiezo a contar a la gente que voy pasando. Al final me salen 127. Los dos kilómetros de carretera los hago a toda velocidad y sudando como si viniera de entrenar cualquier día. Muy contento y sorprendido de acabar tan entero después de tal paliza.

La subda al Gorbea. Bastante más jodida de lo que parece

A pesar de esta pequeña descripción nunca os podréis imaginar lo jodía y atractiva que es a la vez esta carrera. Cada vez estoy más convencido que las posibilidades del cuerpo son increíbles. Lo puedes maltratar y exigir hasta donde ni siquiera imagino-as.
Saludos a mis compañeros de fatigas: Ironmanu y Ciego. Las calamidades siempre unen y se prestan a dar mucho la barrila contando batallitas en las cenas del río.

“¡YO SOY ESPARTACO!”

11 comentarios:

Nacho Cembellín dijo...

Guapisima!!!!... la verdad, tengo pendiente hacer carreras tan largas sólo a pie. Hacían hace años, una que atravesaba Picos y bueno, en diciembre me piro para Picos para hacer el recorrido del próximo Bimbache con Antonio... el tarao quiere que lo testemos en ¡Diciembre!, jodo. Ya te contaré y ya lo veras, le voy a cargar con mi equipo de fotografia para que no me machaque demasiado y de paso hacer unas fotos en condiciones...;).

Nacho Cembellín dijo...

Por cierto, coincido contigo con toda la parte inicial de este submundo del que estamos enamorados y de que mejor no contar... a quienes no entienden y nos ven como unos majaras... mi abuela, me acuerdo que me dijo hace tiempo: pero bobito, para que corres si a estas alturas ya nunca vas a ganar.... jejejeje.

akela dijo...

Hola soy MAE/Akela/Mª Angeles:

Igual me conoces por los comentarios que les hago a los amiguetes IM?s.

Sólo darte las gracias por esta infomración que rápidamente le he pasando a mi "otra parte" (Chema), no sabía de esta carrera y seguro que se apunta, tiene que ser una chulada. el este año tenía previsto la vuelta al Aneto y la TransTenerife y mucha montaña pues quiere prepararse para subir el Pico Lenin (vista a hacer el Cho Oyu dentro de dos años), con lo cual esta le va a venir muy bien ya te contaré.

El ha hecho también el Ultra-trail del Mont Blanc, la Transgrancanaria, Sables, ... buenos esas locuras de los ultrafondistas, así que seguro esta le cuadra.

Mil gracias por la información

Un abrazo.

Ramón Doval dijo...

Bonita crónica, bonita carrera, y bonitos piraos. Enhorabuena permanente.

ATALANTA dijo...

Nacho, tú sí que andas siempre con proyectos atractivos entre manos. Miedo me da estar al corriente porque algún año de éstos me animo a alguna locura.
El comentario de tu abuela es el más mentao en mis reuniones de verano y navidad. Hijo, ¿no te das cuenta que ya estás muy mayor? Alucinan cuando les dices que compites con gente de setenta años.
Bienvenida, Akela. Claro que conozco el buen humor y buen rollo que te gastas en los blogs de estos trastornaos. Ya veo que a tu pareja le va la marcha. ¡Menudos retos! Estaremos al corriente. Lo dicho, la Hiru, seguro que le encanta.
Gracias permanentes Ramón. Ya faltará poco para el gran día...

CiegoSabino dijo...

Juer, lo mal que lo pasas en estas aventuras y sin embargo ¡¡¡qué grandes recuerdos!!!.

Furacán dijo...

Otra más para la lista de ilusiones, que buena pinta!

Humberto Cerezo dijo...

Hola Abel, recibiste mi correo?

Si te lo tengo que explicar... dijo...

¡Qué bien nos lo pasamos! Sobre todo a la hora de dormir, eh! Y cómo se puso mi pié. Una carrera dura, dura; me gustaría recorrer esa zona sin prisas. Taluego!

ATALANTA dijo...

Con lo mal que se pasa... y al final sólo acaparamos buenos recuerdos juntos. Una cosa os digo, seguro, seguro que ningún participante durmió después del palizón en el coche. Bueno, nosotros tampoco.

CiegoSabino dijo...

Sí, ¿qué tal serán los hoteles de Vitoria?.

Aunque para qué íbamos a probar, sin con el cansancio no íbamos a dormir nada.