viernes, 20 de abril de 2012

Maestro



El cuadro retrata el paso del Beresina. El Beresina es un río ruso que Napoléon cruzó en su calamitosa retirada tras su  conquista más amarga, la de  un Moscú  abandonado y en llamas. El paso del río fue especialmente complicado para la Grande Armée y ciertamente un éxito teniendo en cuenta las espantosas condiciones impuestas por el General Invierno y el acoso de las tropas rusas.

La primera ocasión en que oí hablar del Beresina como de tantas otras cosas fue por voz de Don Luis, uno de mis maestros de la escuela. Después tuve muchos más profesores en instituto y universidad pero ninguno pudo luchar contra el poderoso recuerdo de Don Luis como mi mejor y verdadero maestro, el que despertó dentro de mí gran parte de lo que soy. 

Aunque ya no es la misma de antaño, sigo conservando buena memoria, el llamado talento de los tontos. Recuerdo el Beresina y también recuerdo sus opiniones sobre el conflicto en Oriente Medio –que probablemente hayan evolucionado en el mismo sentido que las mías-, recuerdo las dudas de Aníbal a las puertas de Roma tras vencer varias veces a las invencibles legiones romanas, recuerdo a los soldados alemanes encerrados en una cabaña en medio de una llanura de la Rusia congelada esperando la nada, recuerdo sus opiniones sobre determinadas actitudes en Semana Santa, no muy alejadas de mi artículo de hace unos días, escrito treinta años después.  

 (Estas fotos dan mucho juego. Con lo feo que estaba el calvo de las fotos de Demonfit, ya veis qué guapete era yo de crío. Los del pueblo os reiréis un rato con alguno de los que aparecen. La foto es de una selección que envió San Francisco un concurso de radio para listisllos y que me pasó Moli la semana pasada.) 

Hace tiempo que quería dedicarle un post a mis maestros y a Don Luis en particular porque me parecen piezas claves en nuestra sociedad y que sin embargo, cada día reciben un trato más ingrato. 

No lo podemos saber realmente pero  suponemos, queremos creer que nacemos con unas inclinaciones innatas que determinan nuestro carácter. El entorno familiar, social, cultural se encargará de forjar la que será nuestra personalidad adulta.  El maestro trata de dar con ese don que todos albergamos, intenta despertarnos. Suena muy idílico pero me gusta pensar así.

Tal vez todo ese camino iniciático consista en seguir las pistas que te llevarán hasta la que debe ser tu casa, donde estés  a gusto y en paz contigo mismo, donde encajes con tu verdadera naturaleza.  

Los alumnos éramos yesca y el maestro, en clases demasiado grandes para cumplir con rigor  la importante tarea encomendada, se dedicaba a golpear y soplar para intentar avivar interés, ser la chispa que prendía pequeños incendios. 

A fe mía que lo consiguió. Gran parte de lo que soy procede de aquella extraña y maravillosa etapa. No hay nada como la nostalgia para pintar paisajes de pasado, ya  inalcanzables y por ello aún más hermosos a la vez que tramposos.

Muchas de mis  pasiones ya las disfrutaba por entonces de forma embrionaria, atolondrada y con cierto empeño frustrante. Ahora tengo construido todo el esqueleto del edificio, como las habitaciones de una gran biblioteca con muchas salas vacías a las que fui poniendo nombre  a lo largo de mi vida y que  sigo llenando lentamente.  Todo empezó entonces, en la escuela. Descubrí qué era lo que tiraba de mí desde muy adentro y los terrenos donde me movía con mayor soltura y solaz.

 (De Susa)

Recuerdo que Don Luis  a veces dedicaba alguna tarde entera a contarnos historias, algunas de ellas del Evangelio, intrigantes divertidas y edificantes, y cómo contaba sus discusiones con el cura Don Matías acerca la existencia de un Dios misericordioso y por otro lado la constatación de cantides ingentes de dolor en el mundo. Ahora lo entiendo como pensamientos inspirados en la duda de Unamuno, ese personaje tan fascinante y absorbente para mí desde crío. No olvido la entereza que mostró al anunciarnos una mañana que su mujer había sufrido un aborto la noche anterior, aprovechando la ocasión para explicarnos qué era exactamente aquello.

Recuerdo que con él leímos los primeros libros en el colegio, “El camino”, “Réquiem por un campesino español” y es ahí donde se coló ese algo  esencial en mi vida que  nunca me abandonará. Me gustaría leer aquellos trabajos infantiles sobre los libros, aquellos "MRQB" (“muy requetebién”) de algún comentario  de texto y cómo decía que quería conservar alguna de nuestras redacciones porque le parecían muy buenas.

Era un maestro adelantado a su tiempo. Aún recibíamos clases de restos de la escuela franquista que utilizaban la violencia con saña. Sus clases, siempre tan entusiastas y estimulantes, eran otra de forma de entender la educación, un soplo de aire fresco en una España con las puertas cerradas. Nunca una metáfora tan gastada tuvo más sentido.

No me gusta mucho de lo que soy –probablemente porque un par de veces en la vida elegí el camino equivocado- pero gran parte de lo que sí, se lo debo a personas que como él, despertaron en mí el interés  y la pasión por las letras, para mí el único motor de un mundo justo y verdaderamente humano. Probablemente esos errores que cometí se deban en gran parte a no haber seguido mi instinto y vocación. Don Luis me descubrió cuáles eran mis sueños y tal vez yo no tuve la clarividencia o el coraje para seguirlos. Sin embargo,  él cumplió con su parte.

Espero que de alguna forma, Don Luis llegue a leer esto. Imagino que para un educador no debe haber mejor regalo que una persona de más de cuarenta años, recuerde la huella de sus clases cuando era niño.

Gracias, maestro.

Música, Damien Jurado. Con el austero tono que exige el mensaje. "Ohio" es una preciosa canción hablando de un tiempo y lugar ya muy lejanos.

10 comentarios:

Suso dijo...

En tu agradecimiento final de dos palabras le das la categoría de "maestro" a un simple profesor poco reconocido socialmente en aquellos tiempos.
Mi profesor de Física ejerció también esa función. Supo inyectar curiosidad, interés, pasión... por lo oculto en el interior de un átomo o en un dudoso, misterioso e inviable reto.
¿Cómo va London?

Anónimo dijo...

Uy, he reconocido a Socorrito y a una de "las Primas" de Las Viñas en la foto del colegio!!. Cualquier día publico una foto de los campamentos de Román, que de alguna manera también influyó mucho en la actividad deportiva de algunos y en los veranos de otras; ¡¡también continuabas muy guapo con quince años!!
Como a mí me llevaron a las Teresianas, no pude disfrutar de las historias de Don Luis en San Francisco... y no tengo recuerdos tan vivos como tú de un profesor...
¡¡Ojalá pudiera leerte el maestro!!, comprendería que sus mensajes han sido recibidos y continuados, y no hay mayor compensación a un trabajo y a una vida.

plato53 dijo...

Es emocionante recordar la niñez. O que te la recuerden, pues yo no tengo una memoria tan privilegeiada como la tuya. Yo no soy capaz de recordar la mayoría de las cosas que estudié en la escuela y menos aún quién me las enseñó y en qué momento y lugar.
Tengo la convicción de que fue don Luis quien me descubrió el placer de aprender y de leer, sobre todo de leer, aunque de ello sólo tengo una vaga idea.
Sí recuerdo leer "Réquiem por un campesino español" con lagrimas contenidas y un nudo en la garganta de indignación. Desde entonces elegí un bando.
Creo que para nosotros la escuela sí que cumplió con su función de descubrirnos el mundo que se encontraba más allá de nuestras casas y barrios y de descubrirnos también a nosotros mismos. En esa labor creo que la influencia de Román también fue importante, aunque no despierte la admiración que don Luis.

Atalanta dijo...

Suso creo que no debería haber palabra más sencilla y plena, no sólo para ellos sino también para cualquiera en un mundo ideal, que la de maestro. Recibir lecciones, aprender es un lujo que a menudo despreciamos. Tú de ciencias. Yo les tenía un poco de ojeriza pero ahora pienso que era más predisposición o actitud que otra cosa. Una pena porque también debería haberlas aprovechado con fruición. De London, sólo te digo una cosa.... moooola.

Anónima, supongo. Esas excursiones con Román que a mí me descubrieron la montaña y me abrieron otro mundo tan importante para mí. El deporte de verdad quizá vino algo después y más a base de autoconocimiento. Román me enseñó también cosas pero es un personaje con más sombras. Don Luis vive en Salamanca y espero conseguir el teléfono para que lea esto y sobre todo para sentarme una tarde con él a tomar un café. Y gracias por lo de guapo... ¡¡a los quince años!! Aún prehistoria, ja, ja.

Plato, el año de la foto nos conocimos mientras preparábamos el concurso, y desde entonces hasta ahora, ya ves, como hermanos (en la foto sí que pareces un angelote). El colegio, la educación en general puede que no sea más que eso, descubrirte el mundo, abrirte las puertas de todo para que tú ya trates de moverte sin guía, elijas a todos los niveles y consigas llegar a entenderte a ti mismo y todo lo que te rodea. Yo tengo más memoria pero tú eres bastante más listo que yo. A ver quién era el guía en esas reuniones antes de los exámenes de matemáticas :)

Michel dijo...

Ja,ja, en la foto reconozco a varios, eran auténticos empollones, Rebollo, Sierra, Prado, y muchos más que no recuerdo ahora el nombre, yo evidentemente no estoy en la selección.

A Don Luis y algún otro les recuerdo muy gratamente, eran maestros muy buenos y con ellos aprendías.

A otros les recuerdo por las hostias que me dieron, es triste hoy en día pero es así, especialmente uno que se quitaba el anillo y bofetón que te soltaba.
Prefiero no decir su nombre, una pista se llama como la botella de champan en pequeño.

Y ahora se le ocurre a un profesor mirar a un niño de lado y denunciado.


Que tiempos, Abel, que tiempos.


Un abrazo.

Txero dijo...

Cuando me siento en el rincón favorito de mi casa, en mi sillón de leer, con mi biblioteca de clásicos y libros de historia a un lado, la lámpara de pie al otro, me enfrasco en la lectura y me voy de este mundo, es el espíritu maravilloso de Don Luis el que me acompaña, el que me alcanza el María Moliner cuando desconzco el significado de una palabra, el que me pasa la página, el que coloca el libro en el lugar exacto del estante cuando lo termino, el que entra conmigo en la librería a comprar más libros y el que comparte la emoción de la nueva lectura.
Don Luis no fue un maestro, fue el maestro, nuestro maestro. Yo también erré la senda que él marcó y pagué con muchos años de vacio en mi vida. Los padres, a veces, mutilan nuestros instintos y la vida no perdona, te deja ir y se va.
Aquella generación a la que Don Luis arrulló entre sus alas, puedes estar seguro Abelín, que es una generación de hombres buenos. No es casualidad, aquellos maestros eran hombres buenos.

p.d: Tengo los teléfonos.

Atalanta dijo...

Michel, sí que vamos mayores porque parece que hablamos de la Prehistoria. Si ahora cuentas la saña que empleaba Don Demetrio -ahora creo que ese hombre estaba enfermo o es que "le ponía" zumbar a los muchachos-, la gente no se lo cree. No te creas que yo estudiaba mucho. Por entonces se me daba bien ir con lo justo. Después cambia la historia. Lo de ahora tampoco tiene ningúns sentido. La disciplina es necesaria y me parece que en eso estamos todos de acuerdo. No entiendo por que no se intenta poner remedio a algunos disparates. Nos vemos el sábado, imagino. Enhorabuena por ese duro maratón de Madrid.

Carlos, emocionante comentario que espero que un día lea. Completamente de acuerdo, ya sabes que seguirmos historias paralelas, equivocados de medio a medio pero es cierto, hay que quedarse con lo bueno. Don Luis contribuyó a modelar buena gente. Todo nuestro grupo lo es. Cuando tengas un rato, pásame el teléfono, quedo con él y le paso la dirección del blog.

Abrazos.

La oveja magenta dijo...

Hola, Abel (creo que así te llamas). Te escribe una hija de Don Luis llorosa, con los ojos nublados por las lágrimas y la emoción, porque siempre me pareció que la vida no había sido justa con el maestro (él siempre ha preferido esa palabra a "profesor") excepcional que es (aunque está jubilado) mi padre. Él estaría encantado de charlar contigo todo el tiempo que quieras. Y a mí también me gustaría mucho conocerte. Aquí te dejo mi correo para que te pongas en contacto conmigo:
gloria.villoria@gmail.com

Dejo pendiente, si me lo permites y no te parece excesivo, darte un achuchón, porque por fin veo que esa justicia que siempre reivindiqué para él se ha plasmado en tu blog. Besotes.

La oveja magenta dijo...

Por cierto, ha sido mi padre -Don Luis- quien hoy me ha mandado un SMS en el que ponía exactamente esto: "Pon en Google atalanta 77 y lee. ¡Toooma!" :D Así que, ya sabes que lo ha leído. Quizá también os hayáis puesto en contacto ya; no lo sé. Nada más. Besotes.

Atalanta dijo...

Gloria, de verdad que me he emocionado leyendo sobre vuestra reacción y la de tu padre -ya veo que no ha cambiado :)-. No te imaginas cómo reconforta saber que algo que has escrito hizo sentir bien a otra persona y más si es para impartir una especie de justicia poética tantos años después sobre una labor sorda pero que no cayó en saco roto. Estaré encantado de hablar con vosotros. Cuando vaya a Salamanca, ya intentaré quedar con tu padre. Un abrazo fuerte.