miércoles, 23 de febrero de 2011

Bajo los focos


“¡¡ESE PORTUGUÉS QUÉ HIJO DE PUTA ES!!...¡¡ESE PORTUGUÉS QUÉ HIJO DE PUTA ES!!”, atrona el estadio, miles de voces al unísono, miles de personas que en su inmensa mayoría no son violentos, ni vándalos ni pertenecen a los sectores marginales o desarraigados de la sociedad donde se incuba la delincuencia. Si están en un estadio y han pagado el elevado precio de una entrada de un partido de la Primera División del fútbol español, se les suponen fuentes de ingresos regulares, vidas estructuradas, acogedores hogares habitados por familias integradas. Doy gracias por no tener aún el espíritu suficientemente encallecido para que no me afecte y me siga inquietando la violencia que se desprenden de los amenazantes gritos proferidos contra una persona. Supongo que todo forma parte del circo y no hay que darle más importancia pero en el fondo creo que aflora la peor parte de la naturaleza del ser humano. El mensaje subyacente me parece equiparable al de alguna de las pancartas “ultras” obligadas a retirarse de una grada, repleta de niños por otra parte.

Parto de este ejemplo porque es el que me hizo reflexionar y me motivó a escribir estas líneas pero es evidente que se podía aplicar a miles de casos, la mayoría de ellos relacionados con el deporte profesional. Prácticamente no veo retransmisiones deportivas y hace más de dos años que no veo un partido de fútbol completo –miento, vi las semis y la final del mundial; no puedes luchar frente a la histeria colectiva-. Sin embargo es imposible sustraerse al eco de los medios y estar al día. Y sí, también percibo la figura de Cristiano Ronaldo como la de un chico tonto y vanidoso, aunque probablemente eso le convierta en mejor atleta. Dejando eso aparte, me preguntaba cómo te debe afectar un odio aparentemente tan intenso y visceral, demostrado de una forma tan desatada y supuestamente inocua. Me pregunto por las reacciones internas de un hombre acosado en una suerte de función entre inofensiva y despiadada.

Hojeando un periódico deportivo este verano, el sesgo que se le proporcionaba a ciertas noticias me asustó. De todas formas, calificar de periódico, noticia o artículo a los productos relacionados con este tipo de prensa se me antoja excesivo. En un par de ocasiones he leído artículos redactados por forofos de intención aviesa sobre supuestas noticias sin fundamento, pregones de consignas o artículos de opinión con el evidente y claro propósito de fomentar o transmitir un estado de opinión sobre algún tema latente para enconar una cuestión, crear más polémica y pescar en río revuelto o lo que es lo mismo, aumentar el número de lectores. Sé que puedo parecer alarmista pero me parece un terreno peligroso. En ciertos momentos y eventos puntuales, un verdadero campo de minas; me parece peligroso extender regueros de pólvora entre sectores de la población cada vez más amplios, prestos a provocar chispas, alineados y alienados, para mí incomprensiblemente cada vez más permeables a estos absurdos debates que súbitamente tornan capitales en la dinámica diaria de una sociedad.

El engañoso y errático rumbo inicial de este texto continúa a la búsqueda de la naturaleza del vínculo que existe entre la realidad y la visión que nos proporcionan los medios. Tal vez sea cierta esa afirmación de que la verdad no existe y de que cuando tomas la decisión de contar algo, ya estás recreando, interpretando el hecho. Nunca serás capaz de reflejar exactamente lo que ocurrió.

No quiero escribir sobre la manida, agotada y hasta a veces sonrojante tutela aleccionadora de los grandes grupos mediático-empresariales sobre la perezosa y dormida sociedad. El manejo de las más importante cuestiones de calado social, siempre mediatizado por los intereses económicos y políticos presentes es afirmación estéril y de Perogrullo. Prefiero centrarme en los individuos, en esas figuras bendecidas o condenadas por la fama ¿Cómo son? ¿Tiene realmente algo que ver la imagen que proyecta ese personaje público con la persona real? Probablemente nos llevaríamos una sorpresa si conociéramos cara a cara a las personas ocultas tras los personajes. Los apropiamos, los hacemos nuestros. Su dimensión pública se nos ajusta por completo y con facilidad al contorno que previamente hemos diseñado. Nos resulta cómodo y nos negamos a aceptar a alguien distinto. Además nos consideramos con derecho a juzgarlos. Los medios nos suministran una imagen, en la mayoría de los casos mediatizada bien por la promoción, bien por la crítica o la denuncia y nosotros interpretamos con arreglo a nuestro bagaje de referencias, nutrido por toda una vida de experiencias, gustos o preferencias, cultura o prejuicios. Interpretamos sus manifestaciones, sus comportamientos y los hechos que acaecen en sus vidas, sean importantes o no, a la luz de nuestras vivencias o simplemente de lo que queremos creer. Es difícil retractarnos y verlos a través de otro prisma.

Es el espectáculo que nos entretiene, nos indigna, nos alivia. Son nuestras pantallas las que nos proporcionan el alimento del que ya no podemos prescindir, el combustible de nuestro motor. Pagamos por ello, para que bailen los famosos con cierto peso real y en los últimos tiempos, los de opereta o cartón piedra, los que carecen de valor intrínseco alguno, cuyo fenómeno resulta aún más incomprensible y absurdo.

Ahora que estamos expuestos, interconectados… ¿vigilados? sin pausa, cualquiera de nosotros tiene más cerca y accesible que nunca nuestro derecho a los quince minutos de fama “warholianos”. Últimamente se une a la especie, la del chalado a la búsqueda de su momento de gloria por cometer una estupidez, permaneciendo para siempre inmortalizado en el imaginario colectivo a través de un disparate colgado en “youtube”.

Hasta alguno de nosotros que utilizamos internet, que escribimos en blogs o mostramos nuestras fotos en Facebook, pretendemos mostrar o compartir una proyección de nuestra imagen que probablemente sea muy distinta a la que recibe el lector o receptor. La concepción que nosotros interiorizamos como propia no tiene por qué ser la correcta, ni la que transmitimos ¿Cuál es la real? Tal vez no exista esa realidad y estemos formados por una argamasa de efectos o impresiones, la nuestra y la de los demás.

Puede que fruto de la indiscreta apertura de las ventanas de millones de personas, recientemente surge otro nuevo fenómeno, enmarcado dentro del vertiginoso mundo de la globalización tecnológica. A veces la fama se muestra celosa de la era de la comunicación paradójicamente más impersonal y quiere acercarse a los mortales. Es entonces cuando alguno de los famosos más inquietos, trata de suprimir las barreras que acotan al personaje e intenta mostrarse más cercano a sus fieles. Quiere ser “corriente” y decide mostrarse tal y como es en todo momento. Como última vanguardia, utiliza los 140 caracteres del twitter para contarnos TODO. No le basta con su trabajo público, quiere sentirse como los demás y demostrarnos que no somos diferentes, exponer sus ideas sobre problemas políticos, contarnos si le gusta echarse la siesta, el disco que últimamente le apasiona o quejarse de que no deja de llover.

Terreno pantanoso. No creo que haya nada interesante ni digno de mención en la vida privada y en las opiniones del que no tiene más legitimación o autoridad que cualquiera de nosotros. Es difícil que no te veas defraudado por alguien a quien idolatras. Cualquiera comete errores y tiene despistes. Si colocas un foco y un micrófono sobre tu existencia, llegará el desliz que te impondrá la pena más severa, por otra parte sin condonación posible, la de la burla y el desprecio virtual generalizado, de lo que pueden dar fe alguna de las nuestras vacas sagradas. Mejor calladitos.

El misterio o la imaginación siempre serán mejores. Soy de la vieja escuela, casi todas las personas que realmente venero suelen ser gente bastante especial o extraña. Quizá por eso creo que siempre es más fácil adorar o sintonizar con el icono de un poster o una camiseta. Son pura fantasía. Convertirlos en personas normales acaba con las leyendas, con esos personajes inspiradores que aunque sabemos que no existen, pueden convertirse en metas a alcanzar o en figuras inspiradoras.

14 comentarios:

mayayo dijo...

Interesante reflexión.

Por mi lado, creo el periodismo español va muy a la baja en calidad, compromiso, formacion de los periodistasen si, antes que de los grupos de medios que siempre han existido.

Ejemplo: Manu Leguineche pateó casi todas las guerras y dramas de los 60-70, informando de verdad desde el punto de vista español.
Y siempre fue freelance.
Tuvimos casos mas recientes de grandes reporteros, como PReverte en Bosnia o los famosos 55 días en Bagdad de A.Rojo. Pero hoy, en plena primavera arabe (la noticia de la decada probablemente) quien hace algo asi? Solo A.Barcelo hizo un gallardo intemnto de burlar la censura del sultan en el Sahara, por ej.

Y ya, del periodismo deportivo...para q hablar (sic)

Nacho Cembellín dijo...

Dagal, aunque te parezca mentira hay quien de los que ves en los medios son tal cual parecen, para mal generalmente, sin ánimo de ser fatalista.

Respecto al señor Reverte, el cual sigo y gusto de leer no solo en sus novelas sino en el moderno medio twiter adoleció de un tanto tremendista en sus crónicas de Bosnia... o al menos eso dicen en sus mentiremos de RTVE, los cuales solían decir al llegar sus crónicas algo así como: viene la crónica de Arturiiiiitoitoiiiiii!!!. ;-)

CiegoSabino dijo...

¿Sabes que tengo un compañero que hace más o menos un mes no sabía exactamente quién era Iniesta?. Le sonaba al fútbol y ya cuando le achuchamos un poco acertó a decir:
-"¿El portero, no?".

Y supongo que si le pregunto otra vez seguirá sin saberlo, porque lo que le dijimos en el momento es información que para él carece de interés, así que le entraría por un lado y tal cual le saldría por el otro.

Me quedé verdaderamente sorprendido de que haya alguien tan ajeno al mundo que nos están metiendo en la cabeza "quieras o no".

Furacán dijo...

Buena reflexión. Vivimos en una cultura en el que la imagen es todo, hasta a la fruta se la barniza para que parezca bonita y apetecible cuando por dentro es sosa e insulsa. Con la personas otro tanto, creo que incluso hay una exigencia exagerada con respecto a la imagen que proyectamos, así hay tantos trastornos relacionados con la imagen.
Quizás en el fondo refleje mucha inseguridad, alguien que se acepta como es no le importa demasiado que se le noten los defectos no?

Savoy Truffle dijo...

Buena reflexión. Es que, con qué facilidad se sueltan insultos en los estadios, pero de fútbol, sobre todo. A mi también me gusta el baloncesto y nunca escucho decir (a no ser una jugada puntual escandalosa) Hijo Puta ó muérete.
Parece que ir a un campo de fútbol, además de para ver un partido sirve para que miles de cabezas (huecas muchas de ellas) suelten y digan lo que no hacen en casa. Y los periodistas, sobre todo deportivos, tienen el defecto de ser forofos ante todo, cosa que hace que cualquier comentario suyo quede desvirtuado. A CR9 cuando se vaya o se retire es cuando se le valorará lo que hace, como a todos los grandes futbolistas, pero mientras tanto hay que darle cera.

Enorme canción la de Bowie, que en su momento tampoco fué muy entendida... pero que con el paso del tiempo se convirtió en referente. Saludos.

davidiego dijo...

interesante reflexión, cada vez menos periodismo y más opinión sin pensar y sin saberse expresar.

curioso lo de las celebrities, hay un tal espartaco que si lo conoces es un chico muy majo.

Johnny Dibud dijo...

Qué gran post, dagal, no sabes cuánto me identifico. Durante muchos años el fútbol fue para mí importantísimo como jugador y como aficionado. Dejé de ir a Mestalla entre otros motivos porque me perturbaba enormemente la cantidad de desquiciados que pierden el rumbo con sus palabras. Mi opinión sobre Ronaldo es muy similar a la tuya pero lo que tengo claro es que no me oirán jamás practicar un cántico de esa calaña. El fútbol es desgraciadamente cada vez más decadente y lo que lo rodea más, los medios de comunicación relacionados con el fútbol tienen muchos paralelismos con las revistas del corazón y la telebasura. Mi padre decía que el fútbol antes era otra cosa y yo ahora digo lo mismo respecto a los tiempos en que coleccionaba mis primeros cromos, qué curioso. A pesar de todo, todavía me hace feliz cuando mi equipo gana.

Comparto totalmente esa visión que tienes sobre la imagen proyectada en el ciberespacio (argamasa de efectos e impresiones) y sí, cualquier desliz humano te puede imponer la pena más severa, además de que muchas veces se crean juicios de valor bastante injustos que en muchos casos cambiarían en un trato personal.

Menos mal que no conocemos en persona a muchos de nuestros ídolos de posters o camisetas, se nos desmontarían muchas cosas, siempre nos quedará el Guerrero del Antifaz. Joer, qué gran post. Admiro profundamente lo que has escrito. Me quito el sombrero a lo bestia. Eres grande. Abrazo.

Alicia Tantata Chan dijo...

Mucha psicología social se entreve en estas líneas. Que somos más influenciables de lo que realmente pensamos... Amén. Que somos seres racionalizadores más que racionales... Amén. Que hacemos inferencias erróneas sobre las situaciones y personas a partir de una percepción subjetiva... Otro Amén.

"Pero nosotros no. Nosotros no nos dejamos influir, porque somos muy espabilaos. ¡A nosotros nos van a pillar! ¡Já! ¡En la vida!
¿Equivocarme yo? ¡Si siempre doy en el clavo!"

Así nos va!

Phaeton dijo...

El furbol está bien, mejor es llamar hijoputa al Ronaldo que ponerse a invadir Polonia. A los hooligans ingleses antes los mandaban a masacrar negritos a África o a cualquier otra parte del imperio, ahora de vez en cuando se matan con unos de Milán y aquí paz y después gloria. Hemos avanzado, después de todo.

Por cierto a mi "Mou" me parece un tío gracioso, hasta simpático.

El crusti dijo...

El halo de misterio que rodea a los personajes les confiere un toque mítico.
Pero en la civilización de la nueva religión (la ciencia) que todo quiere descubrirlo, a todos nos interesa conocer todo sobre todos (aunque sea sin usar el método científico).
Si les humanizamos pierden el encanto y el magnetismo del liderazgo espiritual y social. Si se humanizan son ellos los que lo rechazan (obviamente, sin darse cuenta, no dan pa'más).
Eso es lo que deberíamos tener en cuenta acerca de la falacia: es que son unos pobrecillos. Los que si saben son los de los medios de comunicación que nos utilizan y, por supuesto, picamos.
¿Conoceis la penúltima? Ante un más que sospechoso gol en fuera de juego del Barça, el diario as publica una foto de la secuencia que muestra el fuera de juego, eliminando de la imagen al defensa que evitaba (o no, era muy justita la acción) el fuera de juego. De tal manera, el fuera de juego parecía ser de varios metros. Descubiertos en la manipulación, se han visto obligados a pedir disculpas. Este hecho no sólo se da en el fútbol. Podríamos hablar del papel de los medios en la información de las revueltas sociales que se llevan a cabo en estos tiempos en los países árabes, hecho del cual querría escribir pero necesito sosiego para desapasionarme del tema.
Como decís muchos, la ideología y la militancia son las que condicionan la manipulación. Yo, por un curro, MA-TO (vamos que escribo lo que me digan).
Un abrazo
Santi

Xocas dijo...

En dos etapas me he leído el post. Leyéndolo dos cosas se me han venido a la cabeza. Lo primero por evidente: si los maleducados volasen, no se vería el cielo. Lo segundo en relación con los "venerados": la mejor manera de evitar la decepción es no esperar nada. En mi caso no venero a personajes públicos. Lo malo es que cuando te decepcionan los de carne y hueso, es más duro.

Atalanta dijo...

Mayayo, tal vez sean sensaciones de abuelo cebolleta pero también me da la impresión de que vamos a peor. ¿Por qué la manipulación disfrazada es mucho más férrea? Los folletines deportivos son simple basura. Por no hablar de cuándo se ponen a escribir de deportes minoritarios sin nunca profundizar porque no les interesa conocer el tema. No es serio ni profesional.

Nacho, ya me imagino pero por favor, no me digas que Joaquín Reyes no es un gran tipo :). Arturo no me cae mal, sus libros no me parecen gran cosa pero te proporcionan datos interesantes y entretienen, aunque como ya puse por ahí, casi ya no sé distinguir al personaje real del celebrities de la muchachada.

CiegoSabino, expediente X. Es muy, muy difícil no conocer a las estrellas de la liga y cómo va la cosa. Yo puedo hablar perfectametne de cómo va el fútbol, cómo juega el Inter o el Liverpool sin haberlos visto en mi vida. Me gustaría tener esa capacidad de aislamiento o fasicinación por otras cosas.

Furacán, gran reflexión y gran comparación. Esa obsesión es la reponsable de tantos trastornos y te digo yo que esto va a más. Aceptarse tal y cómo se es, sin dejar de luchar por mejorar, es un gran alivio.

SAvoy, yo he jugado a baloncesto toda mi vida y hasta hace poco era seguidor de las ligas europea, española y NBA, unos cuántos partidos a la semana hasta que dije hasta aquí hemos llegado. No notaba que me aportara nada aunque sigue siendo mi deporte favorito. Es cierto que el ambiente es muy distinto al insano del fútbol pero creo que es porque es bastante más minoritario. En la prensa deportiva, no caben análisis serios.

DAvid, ¿y los tertulianos? Dentro de esa plaga, para oír algo interesante, tienes que tragar mil consignas o lugares comunes. Hey, ¿y cómo se verá al leído doctor cinéfilo hombre de hierro? :)

Johnny, coño, muchas gracias pero de verad que eres un exagerao. EStoy de acuerdo que hay una similitud entre la prensa deportiva y la telebasura o prensa rosa. ¿No será porque es el signo d enuetros tiempos y no hay más que rascar? Yo creo que sólo he visto un partido en mi vida pero ese ambiente no es para mí. Me gusta eso de confiar sólo en los seguros, en El Guerrero del Antifaz. ¿Para qué quieres más? Nosotros los musiqueros tan dados a poner en un altar a tanta gente, debemos estar preparados para toparnos con impresentables.

Alcia, pensar sobre ello, tal vez nos permita estar alerta sobre el comportamiento de nosotros mismos, de los demás y de sus efectos.

Phaeton, gente de ese tipo van a existir en toda sociedad. Sí veo problema en que se toleren ciertas actitudes. Además me preocupa más que gente bien, no el típico hooligan borracho y marginal, adopte como propias formas de pensar o expresarse muy próximas.
Mou,¿el hombre pegado a un micrófono? No me cae mal. Sí me resulta patética toda esa vanidad. Se le nota tanto que es consciente que cada frase que dice le parece taaaan importante...

Santi, supongo que el trasfondo es ése. Al final tienes que cumplir con lo que te mandan y ajustarte a las normas e intereses de la empresa aunque te repugne tu trabajo. Artículos mucho peores he leído yo, intentado provocar un mantra de indiganción, de denuncia. ¿Cómo somos tan pardillos? ¿De verdad no hay nada más importante?

Xocas, no es mala opción. Cuanto más viejo menos admirable me parece cualquier "estrella", no digamos del deporte. Por otra parte la mala educación y la mala hostia es un virus que se propaga a gran velocidad.

Michel, que sé que se te borró tu comentario largo. Tú sí que sabrás de esos campos de fútbol con más de uno con trastorno mental ¿transitorio?

Gracias por vuestros comentarios.

Mildolores dijo...

Efectivamente que distintos son en el terreno de juego respecto a su vida privada. auque su comportamiento sobre el terreno también dice mucho de como son fuera.
Y oconozco personalmente a "un primer espada mundial" de este deporte y, la verdad, es un caso un tanto atípico. Ya te diré quien.

Por lo demás, gran post, ¡como nos tienes de mal acostumbrados!

Atalanta dijo...

Gracias, Mildo. Ya me dirás.